Con el corazón arrugado: carta a mi hija

jueves, febrero 13, 2014



13/02/2014 5:45 a.m. 

Todo amaneció en silencio, como un día normal. Me levanto y voy en automático al cuarto de mi hija, enciendo la luz, apago el aire acondicionado y le toco un pie, ritual normal de cada día. Ella gruñe, se estira como cada día, normal. Yo salgo y camino en la oscuridad del pasillo hacia la cocina. Monto café, el normal de todos los días. Pero no, nada era normal. El silencio en la calle aturdía, más del normal.

Pensé en las madres que amanecieron buscando a sus hijos visitando comisarías, hospitales y cuanto rincón había para encontrarlos, y que todavía hoy no saben de ellos. Pensé en las madres que amanecieron llorando a sus hijos, porque una bala mal puesta se los llevó por delante. Pensé en las madres que encontraron a sus hijos pero están presos, que hoy serían presentados a un tribunal con cargos que los hacen lucir como malandros.  Pensé en las madres que vendieron el alma, sacaron todo lo que tenían y se endeudaron para "negociar" que le entregaran a su hijo. Y debería decir que pensé en las familias, pero la verdad fue que pensé en las madres, porque yo soy madre y mi hija estaba en casa, a salvo.

En la mesa improvisada de la cocina me senté a mirar mi taza de café, mi hija llegó teléfono en mano diciendo que la gente decía en Twitter mil cosas sobre lo que había sucedido ayer en la manifestación contra el gobierno actual de Nicolás Maduro, en la que murieron 4 personas, decenas resultaron heridas y hay cientos de detenidos, además de algunos desaparecidos. La miré y dije en automático "No creas en todo lo que se dice". Se fue.

Tardé un minuto en buscarla; la encontré llorando y sus palabras bajitas -"tengo miedo" - me dieron una cachetada. Me di cuenta, que muchas veces damos por sentado que nuestros hijos saben lo que sucede alrededor, que no son tontos, y "se dan cuenta". Me di cuenta que muchas veces subestimamos lo que pueda estar pasando por la mente y las emociones de los más chicos de casa, y no los tomamos en cuenta para las conversaciones "de adultos". Me di cuenta que no hablarle de frente a mi hija con suficiente claridad sobre mi pensamiento político, había sido un error. Así que me dispuse seriamente a hablar sobre lo que sucede y porque, a donde puede llegar, qué esperar, y a responder sus preguntas desde mi humilde punto de vista.

Me descubrí entonces por primera vez hablando de lo que verdaderamente pienso acerca de lo que estamos viviendo y que aquí les comparto en forma de una carta imaginaria que tuve la oportunidad de entregar con mi palabra, y si ustedes tienen hijos espero puedan hablar con ellos también.

"Querida hija;

Yo protesté y marché mucho, la última vez, tu tenías 5 años. Eras muy chiquita para entender lo que estaba pasando.  Lo único que sé es que ese día, cuando veía a la gente corriendo en dirección contraria sin entender porque, escuchar gritos, y con ojos irritados por las lacrimógenas ver a una persona caer de un balazo a una cuadra de donde yo estaba, me pregunté ... "¿Qué carajos hago yo aquí?". Pensé en ti, en casa, chiquita, jugando con la nana porque yo le ordené que no vieran televisión. Pensé qué pasaría si yo no llegaba, que iba a ser de ti, y si valdría la pena seguir adelante. Pensé en mi mamá, en el dolor que le causaría. Porque la verdad era que yo no sabía qué ibamos a conseguir con esa protesta si llegaba al final. Cómo salí de ahí es otro cuento, pero me fuí directo a casa, y al llegar te abracé como nunca y juré que por nada del mundo arriesgaría mi vida de esa manera, no hasta que tu no te pudieras valer por ti misma. Empecé entonces a protestar y estar activa políticamente de otras formas, dejé la calle.

Ya estás grande y puedes entender que los jóvenes históricamente han sido los generadores de cambio, la masa que mueve los pensamientos y las ideas, la fuerza que acciona soluciones hacia las injusticias y violaciones en nuestra sociedad. No lo digo yo, lo dice la historia. Y eso es lo que hacen los estudiantes de Venezuela hoy, sólo que cuando se hace con tan pocas herramientas y con desorganización se convierten en carne de cañón y en víctimas de esa energía incontenible que los mueve muchas veces sin analizarlo todo. Siempre hay un grupo que puede perder el control. La obstinación, la indignación, la impotencia, muchas veces nos mueve y sólo con eso creemos que podemos cambiar al mundo. Pero lamentablemente no es así, hace falta organización, claridad de hacia donde nos lleva todo esto, un plan, un objetivo preciso. 

Lo que pasó ayer es que hubo un río revuelto de confusiones donde el pescador más ambicioso, que es el gobierno, quiso sacar ganancias; una juventud enhardecida y exaltada, indignada, armada con la palabra y convencida de ser invencible, frente a grupos armados por el propio gobierno y una policía preparada para matar, que arremetió contra ellos solo porque si, o porque cada quien cree estar del lado bueno de la historia.  El resultado no podía ser otro que terror, confusión y muerte.

Lo que pasó ayer es que se inició de nuevo un camino parecido al que ya hemos recorrido, que nos llevo a fortalecer aún más al Chavismo de aquel momento y a convertir a Hugo Chávez en un mártir, por una suma interminable de errores, camino que espero sea rescatado de seguir el mismo guión, por el bien de todos, y que se convierta verdaderamente en disidencia y resistencia con inteligencia, en vez de en protesta de tira piedras y ambición de poder. 

Lo que pasó ayer es que una parte de los que estamos molestos, cansados y queremos un cambio dieron un paso adelante, bastante acelerado, sin medida de consecuencias, ni claridad y hasta con cierto nivel de inocencia que les hizo pensar que el gobierno no sería capaz de violentarlos, o quizás si, pero nunca lo sabremos. Y pasó que ahora frenar se hace complicado, y vale la pena pensar como maniobrar entre tanto obstáculo un vehículo tan pesado.

Lo que espero haya pasado ayer es que muchos, no sólo los opositores que ya están convencidos,  sino aquellos que votaron por este gobierno abran los ojos  y vean que estamos en una dictadura disfrazada de democracia, sin derechos, sin garantías de ningún tipo, sin ley, sin independencia de poderes, sin libertad de expresión, con un presidente todopoderoso que ordena a diestra y siniestra en contra de las leyes y los derechos existentes, haciendo su propia ley, y que hoy son más esclavos de que alguna vez pensaron; que por fin entiendan que el hecho de que haya elecciones no es lo único que hace a un gobierno democrático. Es la única manera de que las muertes tengan algún sentido.

Lo que espero que a partir de hoy pase es que ya no se hable de oposición y oficialismo, sino de DISIDENCIA, de hombres y mujeres que no estamos de acuerdo con el orden impuesto en el que se pretende que vivamos con un disfraz absurdo y hasta infantil de socialismo. 

Lo que espero que a partir de hoy pase es que todos tengamos la esperanza de que no sigan pasando días como el de ayer, y que recuperemos la calma, más no la pasividad, que siga la protesta pacífica, con sentido, con objetivo, que tengamos claros hacia donde vamos y que no callemos más. 

Lo que pasará mañana, es que vas a empezar a estudiar en la universidad y comenzarás a compartir con otras ideas, otros principios, a entender, a ver las cosas con otro cristal de madurez, y quizás más temprano que tarde también estés tu allí, en la calle, protestando y gritando la consigna de estudiante. Pasará que no podré hacer más sino pedirte que te cuides, darte mi bendición y esperar con mucha esperanza a que regreses con bien a casa, como yo regresé aquel 11 de abril a abrazarte.

No vienen tiempos mejores de inmediato, pero estaremos juntas. Te quiero mucho. Mamá."











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