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"Esto no es una guarimba", dice la señora con las llaves de su casa en la mano y una gorra con la inscripción "Capriles Radonsky Presidente". "No es una guarimba porque no tenemos armas", explica, "... esto es una barricada". Un hombre joven vestido con ropa deportiva había llegado en su camioneta y al no lograr pasar se bajó, la cerró y se sentó en la acera con cara de frustración, llamó por su celular a casa e informó que no podía llegar por ningún lado; se había rendido. Llevaba rato sentado con la cabeza baja cuando la señora Caprilista explicó porque no era una guarimba esta suerte de muralla de escombros, madera, plantas, repuestos de carro, cartones, tanques de agua, bañeras y demás desechos que se levantaba de punta a punta en una calle principal de la urbanización del sureste de Caracas. "Señora, una barricada es para defenderse de algo y no dejar pasar al enemigo... ¿todos los vecinos son sus enemigos?¿de quién se está defendiendo usted?", dijo calmada y respetuosamente el joven. La señora lo miró con rabia, sin argumentos, leí en su cara la impotencia y de seguido gritó "¡Tu no entiendes nada, eres un chamo!". Acto seguido el muchacho volvió a su camioneta, dio la vuelta y se largó dejando a la señora con la boca abierta y explicando al resto de las personas presentes su comportamiento.
La palabra "guarimba" no existe en el diccionario, y cuando investigas las definiciones en internet sólo hacen referencia a los bloqueos de vías ocurridos en el año 2004 en Venezuela como estrategia para ocasionar paralización del país y caos en desobediencia a la presidencia de Hugo Chávez Frías. Muchos recordamos esa época. Investigando más encontré que "Guarimba" era el nombre de una de las tres haciendas en el valle de El Ávila que nombraba Luis Manuel Urbaneja Achelpohl en su novela "En este país" que se desarrolla en plena guerra civil venezolana. En "Guarimba" vivía un peón llamado Paulo, enamorado de Josefina la hija del dueño de la hacienda Macapo. Paulo superó distintos obstáculos sociales para convertirse en el General Paulo Guarimba; sólo de esa manera el padre de Josefina accedió a que se casaran, porque ya no era un peón, sino un General con posición económica y política para poder ser honrado con la mano de su hija. Paulo Guarimba es entonces la síntesis del héroe criollo que triunfa y se impone sobre la sociedad aristocrática de la época. Cuando leí esa historia algunas cosas comenzaron a hacerme sentido.
Héroes a la criolla
En el criollismo venezolano el héroe es aquel que sin muchos recursos supera los obstáculos que le impone la sociedad para surgir, para tener acceso a ciertos privilegios y triunfar. El héroe criollo es el protagonista de la novela venezolana (clásica y contemporánea), y sin importar el género, ya sea hombre o mujer, para este héroe o heroína la lucha de clases siempre está presente. Y no podemos negar que el venezolano es novelero. El héroe criollo es vernáculo, y es producto de una nación liberada tras las guerras.
En las guarimbas o barricadas - no vale la pena discutir el término- en estos días del 2014 (10 años después de los intentos fallidos de esta estrategia contra Hugo Chávez) encontramos a muchos de estos héroes criollos, luchadores, constructores de país, como ellos mismos se denominan a juzgar por las pancartas colocadas en muchas de estas montañas de escombros en donde se deja leer "No pase, país en construcción". Personas convencidas de que la estrategia de bloquear las vías, paralizar al país y promover cierto nivel de caos es la mejor lucha que pueden librar, mientras pintan palomas de la paz en el piso y llamados de S.O.S que podría ver un helicóptero. Está presente el amor a Venezuela, la defensa de los símbolos patrios originales (no los "bolivarianos"), la rabia, la impotencia, cierto nivel de frustración y, por supuesto, excepticismo ante acciones más pacifistas. También está presente la crítica para aquellos que no se unen a la lucha guarimbera, contradictorio con la petición de no ser criticados y que los dejen trabajar. Surgen líderes naturales que con voz firme hacen llamados, gritan consignas, convocan a los vecinos, invitan a traer peroles y colocarlos para hacer crecer la muralla que con orgullo levantan.
Escaso es el diálogo, y abunda la desconfianza. En uno de los lugares me preguntaban que hacía yo ahí, que jamás me habían visto, y como sabrían que no era infiltrada para identificar al líder y sapearlo. Me sentí en el guión de una película de guerrilla urbana mal producida. Pude entenderlo, es normal en estos casos. Hay consciencia acerca de que lo que hacen los puede llevar a ser detenidos, pero hay valentía. Héroes y heroínas de una guerra por venir.
Que bonita vecindad
Muchos de los que llegan a la guarimba, aunque se tienen que devolver, tocan corneta, gritan consignas y felicitaciones. Muchos de los que caminan los llaman valientes, héroes, luchadores. Una viejita sencilla pero bien arreglada llega hasta el lugar y da las gracias, dice que ella está sola, que está muy vieja para salir a la calle, y que agradece lo que están haciendo por el país, todos se conmueven, incluso yo. También los felicita por lo bonita y grande que quedó la barricada, hay sonrisas, caras de orgullo, comentan de donde sacaron las cosas y hay historias para regalar de cada uno de los artefactos puestos en la muralla improvisada. Hay camaradería, vecinos bajan café, pan con jamón, preguntan a los presentes si desayunaron y se hacen relevos. Traen sombrillas para el sol y los ayudan con sillas y colchones, un campamento feliz. Eso si, no se hacían fotos y no dejaban que se las hiciera.
Pero no todos están de acuerdo. Durante el tiempo que me detuve en estas barricadas también muchos vecinos que pasaban caminando se quejaban, diciendo que les resultaba ilógico que se bloquearan las vías en zonas en donde el único caos que se genera es para los propios vecinos. A estas observaciones la respuesta de nuestros héroes desde una silla de plástico, una sombrilla de playa y un megafono es: "¿Y que estás haciendo tu por el país?¿Trabajar? ¡Para que si lo que ganamos no alcanza para nada!¡Nosotros estamos luchando!". Otros pasan sin decir nada, pero basta con mirar sus caras para entender que el asunto no les hace mucha gracia.
Una señora deja el carro en la barricada, vive cerca pero no puede pasar. Coloca la alarma, saca su cosas y con calma pasa con dificultad caminando por un pequeño espacio de escombros destinado solo a peatones que con cierta ayuda pueden pasar al otro lado. Al terminar de pasar se sacude la tierra de la ropa y dice tranquilamente mientras inicia su caminno a casa: "Sigan así, somos los únicos que estamos encerrados", y sigue su andar. De seguido varias personas le gritan que era mentira, que saben que toda la ciudad está trancada. La señora se detiene, sin jamás perder la compostura y con tono calmado comenta que viene del centro, que nada pasa en Caracas y que mientras en el sureste se encierra la gente en sus urbanizaciones allá en Los Próceres ya había empezado el desfile con Raúl Castro de invitado. Silencio. Todos chequean sus celulares y Twitter. No dicen nada pero siguen firmes. La señora se va y pide que por favor le cuiden el carro.
Diálogo de sordos
~ de sordos.
Un mototaxi llega con un pasajero. Pide con mucho respeto: "Por favor dejenme pasar para dejar a este pasajero". Los encargados se miran las caras y le informan que lo sienten mucho pero que no puede haber excepciones. El mototaxista explica que tiene que pasar porque su pago lo tiene alguien que va a recibir al pasajero, que si no llega no le van a pagar la carrera, que viene de muy lejos y que de eso vive. La negativa se mantiene. Se suman otros para darle fuerza a los líderes y lanzan el siguiente argumento: "Nosotros tampoco fuimos a trabajar, todos se tienen que sacrificar por el país". El trabajador vuelve a pedir por favor le den paso, es sumiso, realmente necesita su dinero, pensé. Estuve a punto de hacer una mediación, pero preferí ahorrarme el linchamiento. Todos se agolpan frente al motorizado, la cosa se empieza a poner tensa, le dicen que de seguro el apoyó a Maduro, que tiene que sufrir las consecuencias igual que todos. Al no responder nada, alguien le dice: "¡El que calla otorga, chavista!". El mototaxista da la vuelta y se va. Todos se sienten triunfadores ejerciendo el poder en su pequeña trinchera donde son Generales como Paulo Guarimba.
Un hombre motorizado llega con cara de descontento, supongo que por pasar ya varias barricadas y ahora tener que repetir la historia. Se acerca y sin mediar palabra apaga la moto muy cerca, se baja y comienza a quitar escombros y cosas abriéndose una vía. Estaba realmente molesto. La gente le grita muchas cosas, entre ellas la palabra "Chavista", supongo que a manera de insulto, el hombre no se inmuta y sigue su labor, se abre paso, y al prender su moto de nuevo dice: "Sólo tengo que trabajar". La gente indignada le grita que no va a llegar lejos porque hay más barricadas adelante y hablan de lo arrogante y mal educado que fue el hombre, que ya no hay respeto, que por eso estamos donde estamos. Supongo que mi cara era un gran signo de interrogación. Todos refuerzan y ponen más cosas en el lugar por donde el sujeto se hizo paso. A mi mente llegó la famosa consigna "No pasarán".
La verdad nunca pude observar la intención de un verdadero diálogo, incluso con los vecinos. Mis volantes pacifistas seguían en el koala. El "si no estás de acuerdo, no jodas" está a la orden del día. No hay discusión o negociación que valga y realmente la guarimba, en su sentido más básico no quiere convencer a nadie de nada, solo quiere generar paralización, agudizar el descontento y provocar reacciones tendientes al caos que presumiblemente puedan llevar a un gobierno a declararse incompetente para controlarlo. Si usted apoya estas iniciativas y se siente ofendido o con ganas de decirme un par de cosas tras leer este último párrafo debe sincerarse. Acepte la realidad de la propuesta que apoya y siga adelante con ella, eso si, con mucho guáramo porque lo que viene se pone de otro color.
Ganadores y perdedores
En todo el conflicto que vivimos en Venezuela seguimos sin saber que es lo que viene después. Los guarimberos del sureste se catalogan a si mismos de radicales dispuestos a arriesgarse, cuando llegue el momento claro. Mientras en Altamira un grupo de muchachos son carne de cañón, son arrestados, torturados y están resteados, podría decir que los guarimberos también corren el mismo riesgo a corto plazo. Todos en el sureste esperan su momento cumbre con la Guardia Nacional Bolivariana o con los colectivos armados, saben que les va a llegar, pude sentir en algunos que de alguna manera lo desean. Aunque la instrucción es montar la guarimba e irte a refugiar en tu casa, bien sabemos que dado el momento te van a buscar a tu casa también, ellos lo saben, hay bastante claridad.
El objetivo de la guarimba va agarrando forma, sin que eso signifique que esté de acuerdo. Ayer en cadena nacional, el Presidente Nicolás Maduro en un momento de euforia y demostración de quien tiene el poder indicó - gritó - que todos los líderes de las guarimbas están o estarían presos e hizo un llamado a las comunidades a apoyar la revolución y defender al país con la frase "candelita que se prenda, candelita que apagamos". Fue una manera directa de girar una instrucción a los colectivos armados de atacar -ahora si- sin compasión a quien quiera generar caos, generando a su vez más caos. Empieza pues una espiral indetenible, que no sé hasta que punto realmente pueda controlar el gobierno sin llegar a consecuencias catastróficas que lo hagan tambalear.
Desde hoy inició el ataque en urbanizaciones del este como Los Ruices y Los Cortijos, de clase media el caos y violencia generada por los colectivos que fueron a desarmar guarimbas es protagonista, se cuentan dos muertos (un sargento de la Guardia Nacional Bolivariana y un motorizado) producto de un enfrentamiento civil, pueblo contra pueblo, ya van varios detenidos y las residencias del lugar están siendo allanadas. La zona está llena de tanquetas y los vecinos están sitiados. Temen por lo que suceda esta noche. Situaciones similares de colectivos motorizados amenazando y quemando cosas a su paso se repiten en Terrazas del Club Hípico, Manzanares, La Trinidad ya en el sureste. Quitan pancartas y gritan consignas. En mi urbanización falló la energía eléctrica y ya todos estamos en pánico, con planes de protección y angustia.
Pero a pesar de todo, parece que las opciones no violentas de protesta pierden terreno, no hay liderazgo, ni en lo político, ni en lo social para canalizar las energías y la rabia de tanta gente descontenta, y parece que tendremos que llegar a lo de siempre: muchos muertos, muchas injusticias, muchas detenciones y mucho dolor, para alcanzar exactamente ¿qué?
La historia no miente. Todos los conflictos bélicos o civiles, después de años, décadas o meses, han finalizado con algún tipo de diálogo, bien sea bilateral o unilateral, con treguas y concesiones de ambas partes o una de ellas. El más fuerte también tiene que sentarse a conversar y a negociar con el más débil, o perdiendo también se gana, como lo quieran ver. Poner condiciones para dialogar es válido, pero las condiciones no se pueden construir sobre la base del orgullo. Caso contrario entramos en el juego de quien cede primero, del "quítame esta pajita" y todos somos perdedores en una guerra civil sin cuartel.
Mientras tanto el General Paulo Guarimba es feliz con Josefina. Fin.




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