Despertarse cada mañana en una país como éste, despertar
y toparse en la calle con la sintonía de la radio, la estadística de la violencia, la pobreza que desciende por que consume más, el mensaje escondido y el discurso político pululante expulsado por un sistema que ya no
siendo revolucionario trata de construir
una imagen sin sentido producto de la disparidad entre teoría y práctica, y
asumirse cómodo en esto, hace que seamos un “no país”, un espacio sin
ciudadanos, con deberes pero sin derechos, que escuchamos pero no hablamos, un
espacio que nos pertenece, para seguir arando en él, por utopía, necedad o
convicción.
¿Es ésta nuestra verdad?
A Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, se
le ha atribuido la frase que asegura que “una mentira dicha mil veces se
convierte en realidad”. Propaganda, panfleto, o discurso, llámelo como sea, ¿creémos en lo que se dice
sólo porque se repiten sin cesar? Podría ser válido para los fanáticos de los endiosados, para aquellos que sólo ven y oyen pero no para
aquellos que podemos percibir con el resto de nuestros sentidos.
El ensayo fotográfico, en proceso, “Vallas donde vayas”, apropiado
lema de una empresa de publicidad, es una alegoría al discurso repetido, a la verdad que se escapa en el discurso, al
mensaje empaquetado, a la propaganda política disfrazada de discurso social, a
la ideología impuesta. Paisajes
urbanos de la otrora pujante Caracas, en una mirada literal que incluye vallas
publicitarias reales, originalmente vacías en representación de nuestras mentes y la
decadencia que poco a poco nos envuelve, y que se adornan con mensajes
incorporados, ciertos pero falsos al mismo tiempo, ciertos porque
fueron dichos y falsos porque no existen materialmente y en un
sentido figurado por la falsedad de su intención. Un "no país" representado por la "no fotografía".
A lo oficial le juego con mensajes que por conveniencia
podrían ser extraoficiales, exentos de comillas de manera planeada porque no
respeto la autoría de su origen y a manera de publicidad porque donde
quiera que estén, donde quieran que vayan, los mensajes irán y no hay hoy quien que los confronte, ni de adentro, ni de afuera, ni ustedes o yo por
ser cómplices de su existencia.
Al fin y al cabo Goebbles quizás quiso decir que
una mentira dicha mil veces se convierte en chiste y como buenos venezolanos,
reímos.









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