Bolívar siempre es testigo

domingo, abril 07, 2013

Texto y fotos por Arlette Montilla

Duele decirlo, pero los venezolanos ya estamos acostumbrados a andar con el corazón en la boca. Hablar de elecciones para mi es algo tan natural como hablar de los asesinatos de cada fin de semana, y ambas cosas me dejan el mismo sabor amargo desde hace más de 14 años. Recuerdo haber llorado cuando Hugo Rafael ganó por primera vez y se montó en la presidencia, que no dejó hasta su muerte, tal y como sentenció desde muy temprano. Siempre tuve un corazón izquierdoso, quizás por ese pedazo de alma revolucionaria que llevo por dentro, pero algo me decía que ese discurso del ex golpista derivaría en un arroz con mango sin relación alguna con mis creencias, por eso nunca voté por él. Mi hija ya había nacido y yo era bastante grandecita como para entender que lo que vendría hacia adelante no sería nada fácil. Y lo que vino ya es historia.

Av. Bolívar de Caracas; en el fondo construcción de edificios Misión Vivienda.

El próximo domingo nos toca volver a decidir, en una sobrevenida elección, que es como la última gota de esperanza para muchos, y quizás otro trago amargo necesario para mi. No soy pesimista, soy realista. Iré a votar, y votaré por la opción opositora,  aunque muchas cosas me dicen que esta batalla no será la que marque el tan ansiado cambio que muchos esperamos, incluso aunque no pierda mi voto. Ojalá eso lo tenga claro todo el que vote por un cambio. Porque es tanto el daño que se ha causado hasta ahora, en varios aspectos, que la recuperación será difícil de ver a corto o mediano plazo, y el camino será muy rudo.  Pero a pesar de toda esa lluvia de realidad que me echo encima, en el marco de una cortísima campaña electoral de 10 días, hoy me fui a la calle a ver de cerca las caras de quienes, como yo, apoyan el cambio de gobierno, en la tradicional concentración que se realiza en la Avenida Bolívar de Caracas, y que se ha convertido en algo así como un termómetro electoral que regularmente levanta el ánimo de ir a votar y de verdad funciona.  Algo que me alegró fue haber ido con mis dos amigos Eleazar y Arianna, ambos más claros que el agua de manantial, bien poco románticos y por encima de todo, muy optimistas, sin olvidar la realidad. Hacerlo con ellos me permitió observar con calma y concluir, sin tener que lidiar de manera cercana con las euforias, gritos y pasiones de los más fanáticos.

Un grupo de simpatizantes de Henrique Capriles baila bajo una enorme bandera de Venezuela en la Av. Bolívar, Caracas.
Y así vi como la Avenida Bolívar y sus adyacencias se fue llenando hasta más no poder, como se hizo corto el espacio para todo el que quería estar allí, representando a su país bajo el lema "Venezuela Somos Todos", como la concentración "creció pa' rriba" como escuché decir cuando fue tomado un edificio en construcción de la Misión Vivienda y se llenó hasta el tope de cientos de opositores en una manera muy particular de "invadir" temporalmente nuevos espacios. Plantarnos en un lugar fijo, bajo la "protección" de un taratín de llaveros, en una especie de trinchera improvisada,  fue un ejercicio interesante, porque durante hora y media me pasó, literalmente, toda Venezuela por delante: todas las clases sociales, todas las razas, todas las edades, todas las culturas, todos los géneros, todas las preferencias sexuales, toda Venezuela. TODA VENEZUELA. Entonces el slogan "Venezuela somos Todos" no se me hizo parte de una estrategia de propaganda electoral, se me hizo realidad.

Un grupo de opositores toma una construcción de la Misión Vivienda para ver mejor al candidato presidencial Henrique Capriles.

Esa observación acusiosa de ojos brillantes y esperanzados, de pieles tostadas y pálidas, de la euforia y la calma, de familias enteras y de personas solitarias, de niños que no se quejaban por el calor o la sed y adultos a punto de desmayo, de ancianas con andaderas y jóvenes enérgicos de caras pintadas, entonces me reafirmó que ese discurso de división, ese que dice que el pueblo apoya al gobierno y la burguesía apoya a la oposición, que los pobres son de izquierda y los ricos de derecha, que el rojo es socialista y el azul es capitalista, que estamos partidos en dos, que tener diferentes orígenes e ideologías es razón suficiente para no estar juntos, puede llegar a su fin. No se cuando será, pero será. No creo que me alcance la vida para vivir ese cambio y espero equivocarme. Pero de una sola cosa sí estoy segura, y es que hoy, Bolívar fue testigo de una Venezuela posible.

Lo dejo a tu consciencia: VOTA! 


Concentración a favor de Henrique Capriles, en el fondo las Torres de El Silencio al final de la Av. Bolívar, Caracas.

Tras un puesto de venta de franelas alusivas a la campaña Caprilista, dos personas caminan alejándose de la concentración.
Un niño con un peinado "mohicano" con los colores de la bandera de Venezuela sonríe sobre los hombros de su madre.

Fotos del candidato Henrique Capriles, en portaretratos en una venta de memorabilia en la concentración de la Av. Bolívar, Caracas.

Humor alusivo al candidato oficialista Nicolás Maduro, a razón de la canción compuesta por el internacional Willie Colón y  con letra del venezolano Rolando Padilla llamada "Mentiras Frescas".
Venta de llaveros con fotos del candidato Capriles en la Av.Bolívar Caracas. Nuestra trinchera.

Un helicóptero sin identificación sobrevuela a baja altura la concentración haciendo tomas aéreas, mientras la gente levanta banderas y saluda.

Franelas con el slogan "Venezuela Somos Todos" de la campaña Caprilista. En el fondo, el edificio de la nueva Galería de Arte Nacional.
Arianna Arteaga Quintero, amiga del alma, baila y sostiene con su alegría a la gran bandera de Venezuela.

1 comentarios:

Carol Meza dijo...

Anhelo que la vida nos alcance y nos sobre para ver cristalizado un nuevo proyecto político para Venezuela. Aunque la duda invade mi corazón y la espanto. En este momento no me queda de otra, creer que es posible este 14 de abril.

 

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