Dos miradas, a dos tiempos

miércoles, enero 30, 2013

Sin Título (Elizabeth Torres / Arlette Montilla)


La segunda quincena del año me la pase mirando el futuro, literalmente, porque compartí 15 días de fotos con Elizabeth que vive en Adelaida, Australia, una ciudad costera con poco más de un millón de habitantes, la quinta más grande de por esos lados. Más venezolana que una arepa, con 16 horas de diferencia de horario ella vive adelantada a mi tiempo tropical, entonces cada medianoche ella me mostraba el futuro y yo me dedicaba, en el pasado, a buscarle contrapartida.

Un día, como muchos venezolanos,  dijo "me largo de esta vaina" agarró sus cachachás y se montó en un avión para el culo del mundo, sin exagerar.  O al menos eso me pareció,  porque un día estaba súper instalada y al siguiente había vendido carro, libros, y cuanta pertenencia hiciera que su equipaje pesara más de 25 kilos. Pero conociendo un poco a esta chica tan echada pa' lante seguro todo lo tenía fríamente calculado.

Arquitecta y fotógrafa, su trabajo es observar, y todo lo mira en líneas rectas y curvas, geometría y numerología; sin saberlo se embarcó conmigo en 15 días de fotografías en donde su mente planificadora prevaleció, y por mi lado me hizo buscar ángulos, perspectivas y sobre todo me hizo mirar hacia arriba. Eso caracterizó las últimas semanas para mi, cada vez que caminaba o manejaba en esta ciudad de la furia, mirar hacia arriba y buscar, ritmo, patrones ... y cuando no era hacia arriba igual los miraba en todas partes.


Rollin' (Elizabeth Torres / Arlette Montilla) 

En Caracas tuve la oportunidad de ser profesora de fotografía de Elizabeth y por supuesto que me encantó compartir con ella en el mismo nivel, porque de eso se trata, de seguir aprendiendo cada día. Ella me hizo reconocer en todas las cosas armonía, eso fue importante. Me agarró en la semana en que me activé en mi trabajo entonces el tiempo libre no era el mismo, pero miré a mi alrededor, como le recomiendo a mis alumnos y encontré cosas interesantes en el lugar que habito, en mi trabajo, en el espacio donde entreno, en muchos casos ahí mismitico estaba la foto.

Sé que Elizabeth necesitaba activarse, y como no tiene mucho rato allá espero le haya hecho bien recorrer esa nueva ciudad con otros ojos. Pude ver en sus fotos como iba calentando e iba relajándose más en la búsqueda de su nuevo cotidiano, ese que es difícil de reconocer cuando apenas te has ido del país donde has estado toda la vida. Pude ver la novedad y el descubrimiento de espacios nuevos para ella y que ahora serán más rutinarios. Pude ver su aproximación honesta e inocente al mundo que le rodea.

A Elizabeth la extrañamos un montón, su cara de cañon con sonrisita pícara, sus comentarios sarcásticos pero precisos, su humor particular, su autoexigencia, su desenfado y sobre todo su humildad, que tanta falta hace estos días en la gente. Sé que ella nos extraña, pero no extraña Caracas, a quien retrató en su miseria de desorden y caos arquitectónico en el último proyecto fotográfico que desarrolló en La Escuela Foto Arte guiada por Violette Bule y que espero esté imprimiendo y mostrando pronto por allá en ese extraño continente.

Gracias negra (como te dice Erika) por estos 15 días maravillosos!

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Del norte y el sur

Teatro (José Arato / Arlette Montilla)

José es un venezolano en sus "late 30's" (aclaratoria que hago por su petición), simpático y buenmozo. Hace 17 años vive en Toronto, Canadá, logró montar un negocio propio de comida española porque además de los atributos iniciales resulta que es Chef y un buen emprendedor. En la vida hemos compartido momentos, coincidido en etapas convulsionadas y de alguna manera hemos construído un lazo invisible de complicidad.  Compartí 15 días con el, a distancia. El allá y yo aquí, fotografiando. El su cotidianidad, yo una respuesta a su cotidiano.

Norte/Sur, Neutro/Saturado, Frío/Calor, Classy/Tropical ... los contrastes a la orden del día. Lo que más me gustó de los primeros 15 días del año compartiendo con José fue observar como cada día su pasión por crear, por encontrar ese momento justo que representara su día, iba creciendo. Observé intención, corazón, ánimo de encontrar y encontrarse, observando.

Por mi parte me hallé en una reconciliación con los espacios que transito pero que no determino regularmente, estimando la belleza en lo cotidiano de mi ciudad, y en lo no tan cotidiano cuando por ejemplo decidí tomar un moto-taxi, cámara en mano, para robarle una foto al Teatro Nacional en el Centro de Caracas, zona que no frecuento pero de la que estoy enamorada. Se me enredó el día y al final sólo tenía media hora para hacerlo, porque la luz se iba desvanecienco. Era un día no laborable de ciudad tranquila y amable, con Ávila y cielo despejado, y aproveché para robarle un instante. Cuando le comenté al mototaxista sobre mi "misión" se rió y me dijo "No entiendo nada, pero plomo belleza, vas a tener tu foto" y así fue como ese muchacho flacuchento se convirtió en mi cómplice.Me olvidé del riesgo, el casco con mil sudores, y camino a mi destino por la autopista disfruté del aire templado caraqueño y la vía recta sin carros.

Yo sé que no importa la anécdota si en la foto no se ve ese cuento que les estoy echando, pero yo aquí solo tiro letras y esa foto con historia para mi valió la pena, así como valió la pena la terapia de José y mía, escapándonos de la realidad a través de la fotografía para iniciar el 2013 con buena energía.

José se quedó enganchado, sigue buscando espacios para convertirlos en memorias permanentes, explora la ciudad que lo recibió como un emigrante tropi-caliente y que hoy le da recompensas y glorias, además de mucho, pero mucho trabajo. Sé que José tiene un trompo enrollado con Caracas, que dice que resolvió, pero yo no le creo. Me lo dicen sus ganas de comer arepa los domingos en la noche antes de empezar de nuevo la semana de trabajo agotador. Se reta cada día, reta a otros y como buen venezolano goza un puyero!

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Del momento decisivo al momento instantáneo

domingo, diciembre 30, 2012

Foto de Fotos: Mis 3 primeras fotos de 35 mm sobre la cabecera de mi cama, tomadas, reveladas y copiadas por mi, ahora fotografiadas con mi Iphone 4 usando Snapseed e Instagram

"Las nuevas tecnologías dan lugar a formas originales de expresión del espíritu, de la condición humana. Nuevos instrumentos que comienzan ya a perfilar su lenguaje propio, artístico." - Pedro Meyer (2002)

Un día de 1985 encontré en la cámara Polaroid de mi mamá una puerta abierta por la que me lancé sin pensarlo y quedé enamorada de la imagen. En la época en que me relacioné con la fotografía no se pensaba en eso de lo digital, el internet no había llegado a Venezuela, apenas los LP's habían dado paso a los CD's y lo más avanzado en tecnología era un dispositivo portátil en el que podías escuchar esos pequeños discos con audífonos, pero eso si, sin brincar mucho porque saltaba lo que yo creía era una aguja, como la de los tocadiscos. Luego pasé al 35mm.  El cuarto oscuro me atrapó, aunque por el hecho de no tener uno, perdí la práctica, y el tedio de ir a otro lugar le ganó a mis ganas incipientes de encerrarme. Cuando vi mis primeras fotos hechas con la AE-1 me maravillé, no eran gran cosa, pero eran como mis primeras hijas de la experimentación que me acometía esos días. Están colgadas en una pared de mi cuarto.

Por aquella época alguien me dijo que mirara a un tal Bresson, padre del "momento decisivo", y me dediqué a entender, a mirar su obra, los análisis que otros hacían de su trabajo y entendí que el momento decisivo no tenía que ver con fotografiar rápido, ni ser ágil, o tener mucha suerte para capturar una situación especial, ni mucho menos con la cámara que manejaras, sino que más bien tenía que ver con ser paciente y observador, identificar el lugar, el espacio, y saber esperar. Me gustó pensar en el fotógrafo como un planificador de imágenes.

Pasó el tiempo, y a principios de este siglo nos acometió en Venezuela el fenómeno de la fotografía digital, y yo, que me había enamorado de la imagen a través de una cámara Polaroid setentosa, y me había maravillado de llevar el cuarto oscuro a cuestas, abracé este nuevo "invento" con saciedad. Los grandes críticos y "maestros" de esa época no consideraban que la fotografía digital pudiese ser considerada fotografía (así como los críticos del siglo XIX no consideraban a la fotografía tuviese algo que ver con el arte sino que era sólo un artificio científico); las discusiones estaban por doquier, se armaron bandos, se renegó de aquellos que saltaron la talanquera y se pasaron a lo digital, traicionando de ese modo la tradición química tan atesorada. Y mientras muchos entraban apasionadamente en discusiones eternas, yo me fuí a explorar fuera del país porque aquí el oscurantismo me ahogaba. Fue cuando supe de Pedro Meyer (México) y la filosofía que venía desarrollando sobre el uso de las nuevas tecnologías en el campo visual, y de Joan Fontcuberta (España) y su capacidad de reflexión y observación de los cambios del entorno fotográfico en la nueva era. Entendí que la satanización de la fotografía digital provenía del miedo de perder cierto puesto histórico que el tiempo había otorgado a los que se quemaron los pulmones en el laboratorio, en otras palabras, su origen estaba en alguno de los dos demonios que tanto nos atormentan: el miedo a lo desconocido y/o el ego. Eso no me alejó de la fotografía tradicional, con la cual hago - y seguiré haciendo - mis trabajos más personales y para los cuales no anuncio con bombos y platillos el medio en el cual fueron desarrollados, como para "echármelas" porque hago fotografía en película, porque al fin y al cabo a mi, de verdad, no me importa el medio, sino el lenguaje que cada uno de ellos me permite usar.

Poco a poco observé como esa discusión digital vs analógico fue menguando y como aquellos que criticaban el fenómeno del revelado instantáneo fueron poco a poco aprendiendo a convivir con los cambios. Ya internet estaba en su apogeo y el uso de la fotografía digital empezó a darle rostro a todos y cada uno de los internautas que hasta ese momento gozaban de cierto anonimato. La imagen comenzó a convertirse en un lenguaje masivo y universal, sobre todo para construir la identidad de todos los que habitabamos los espacios virtuales. Cámaras cada vez más compactas y con ofertas de hacer la mejor foto con un sólo "clic" aparecen cada día. Y justo cuando pensábamos que todo estaba "normalizado" surge el fenómeno del "smart-phone" y sus cámaras maravillosas, dispositivos móviles que son capaces de "hacer" fotografías como nunca antes lo habíamos pensado. Mientras tanto, no nos dimos cuenta que, junto a la masificación del medio,  también se masificó la idea de que las fotografías son hechas por las cámaras, dejando un poco -bastante- de lado lo que verdaderamente hace una fotografía: el individuo detrás del aparato.

E irónicamente, la tortilla se voltea. Ahora muchos de los fotógrafos digitales, los que nacieron o se formaron en la época de los megapixeles, sufren a tragos amargos con el fenómeno de la fotografía móvil, instantánea y masiva, la imagen democratizada al alcance de todos, desde niños hasta ancianos, desde personas sin estudios hasta el individuo graduado en Arles, sin distinción, sin discriminación. Imágenes hechas en un segundo y difundidas en micras de ese mismo segundo, que son vistas por miles de personas en todo el mundo, al mismo tiempo, son la pesadilla de muchos y el fantasma que despierta los más sentidos miedos de algunos fotógrafos sazonados: que alguien con menos experiencia se haga llamar fotógrafo. ¡Blasfemia! 

Y la fotografía móvil nace en el momento de oro de las redes sociales, cuando la vida privada ya no lo es tanto, y las imágenes de nuestra cotidianidad invaden constantemente al mundo: en la cama, en el baño, en la casa, en el trabajo, en la rumba, en los viajes, en la tristeza y en la felicidad. Absolutamente todo se documenta, se muestra, se monta en la red, sin tapujos, sin miedos la nueva generación explaya su vida en bits de fotografías instantáneas que pululan por doquier y alimentan la curiosidad de muchos. Así lo privado ya no es tanto, lo íntimo es cada vez más extrovertido y muchos viven de la fama por mostrarlo todo. Es lo que yo llamo la "instafama".

Nació entonces sin darnos cuenta el "momento instantáneo", diferente a la Polaroid que te permitía hacer una foto instantánea pero no compartirla instantáneamente con el mundo. El padre de este "momento instantáneo" no es una persona natural, quizás podríamos decir que es Nokia, Samsung o Apple, en el orden que quieran darle, con su amante la internet. Festivales, exposiciones, premios y toda suerte de reconocimientos se han creado alrededor de la fenomenología de hacer fotos con un teléfono celular, cuando realmente debería darse mérito al intelecto detrás del aparato y - en mi humilde criterio - debería, en cualquier caso, siempre premiarse la imagen sin importar el medio a través del cual fue desarrollada.

Y aquí caemos en el meollo del asunto, en el reconocimiento necesario que debe hacerse de que hoy, más que nunca, no es fotógrafo el que hace "clic", el que sabe manejar una cámara, el que opera el aparato. Es fotógrafo el que crea, el que define elementos, encuadres, mensajes decodificados, el que logra concebir imágenes casuales que no son casualidad, el que piensa en la luz, el que la domina y la hace suya, sin importar qué aparato le pongas enfrente. Cada vez más es la dirección de arte y de escena, e incluso en algunos casos la dirección actoral, la que hace al verdadero fotógrafo, que es alguien que traduce en lenguaje luces y sombras, y a veces pinta de color,  las ideas que pasan por su mente y que trascienden más allá de la imagen. No importa si lo hace para vivir de ello o como hobbie, o ambas. Importa que lo hace.

Entonces es irrelevante de que modo el momento fotografiado nace, si es sobre la decisión o sobre la espontaneidad, ni con que dispositivo es "capturado";  importa que trascienda, que sea recordado, que forme parte de la historia que seguimos construyendo. Insisto, no importa la cámara. Imagino un futuro en el que desaparecerán, y un pequeño dispositivo sea instalado en nuestro nervio óptico y nos permitirá proyectar las imágenes que miramos o imaginamos y que decidimos inmortalizar, si eso llegara a pasar entonces ¿no estaríamos fotografiando?.






2012 en 12 Fotos - Reprise

domingo, diciembre 23, 2012

Siguiendo la invitación de mi amiga Aglaia Berlutti, me atreví a revisar mis fotos del año que está a punto de finalizar para hacer el típico resumen-cliché de un período cronológico que para muchos representa un ciclo.

Me asombré de ver como, efectivamente las fotos hablan más de lo que pensamos. Mirando estas 12 imágenes me atrevo a decir que todo el año fue un paseo por una gran mirada hacia adentro y solamente al salir físicamente de mi ambiente cotidiano me atreví a mirar hacia afuera, pero sólo para seguir viendo ahí lo que honestamente me inquieta y que, a modo de espejo, miro también en lo que me rodea. El factor común: imágenes sin rostro (incluso el que pareciera ser un rostro realmente es una máscara), como si en el anonimato persistiese mi modo de enfrentarme a lo que me rodea. Juro que fue casual la selección de fotografías, son simplemente las que me conectan más con la vivencia de cada mes. Juzgue usted por las apariencias, como se suele hacer. Veamos que pasa en el 2013.

Enero '12 - Punto Ciego
Febrero '12 - Punto Ciego 2
Marzo '12 - Mar del Plata
Abril '12 - Magia
Mayo '12 - La imagen (Fotonarrativa)
Junio '12 - París para dos
Julio '12 - Storyboard (Fotonarrativa)
Agosto '12 - Remedio
Septiembre '12 - Máscara
Octubre '12 - Still (La Caja Verde - Fotonarrativa)

Noviembre '12 - Tras Bastidores
Diciembre '12 - Dos Miradas

#yoconfieso - a propósito de mis 40 + 2

lunes, noviembre 26, 2012

Mañana 27/11 es mi cumpleaños, otra vez. Sólo recuerdo 5 cumpleaños al año, de resto no recuerdo más y quizás por eso infiero que nadie se acordará del mío. No me gustan las tortas, ni el show de los mesoneros en los restaurantes, ni las velas de bengala, ni las de numeritos, no me gustan los regalos costosos, las joyas, ni las carteras, no me gusta la gelatina, ni las piñatas, ni creo en eso de pedir un deseo, no me gusta soplar velas, ni el "yo te daré", no disfruto la torta en la cara, ni las llamadas de felicitación, en cambio valoro los mensajes de texto, mails, DM's y cualquier saludo electrónico que me permiten no entablar conversación ese día.  No en vano cada año en esta fecha viajaba y estaba siempre lejos de mi casa, mi familia, mis amigos y mi entorno regular, pero otras razones de peso me lo han impedido en los últimos 5 años. Me hace falta ese aislamiento. En general, no me gusta celebrar que se me acabó un año, ni que cada vez recuerdo menos; en cambio celebro - a mi modo - que empiezo uno nuevo, uno de estreno, y quisiera que no arrastrase pesos aunque pocas veces lo logro. Confesarme cada año quizás es una manera de tratar de dejar lastres y arrancar más livianita.  

De la serie "Insomne" 

#YoConfieso - A propósito de mis 40+2

Que 4 décadas no es nada.
Que 2 años es bastante.
Que la vi venir y no hubo resistencia.
Que me visto de teflón y lo convertí en tendencia.
Que las señales están ahí y yo las dejo pasar.
Que muchas veces odio al universo por no conspirar.
Que uso pocas palabras de las que se dicen con la boca.
Que a veces prefiero ignorar.
Que los miedos están instalados, por eso no me siento sola.
Que añoro a la soledad, y que digo eso porque no la conozco.
Que me entendí, después que otros me entendieron.
Que la sinceridad es mi condena.
Que algunos poetas no estaban muertos.
Que critico la cobardía con una falta de valentía que me supera.
Que me atrevo.
Que soy capaz de caminar los mismos pasos y equivocarme otra vez.
Que te extraño, una vez a la semana.
Que esta madrugada lloré.
Que soy de risa dura y llanto fácil.
Que tengo un problema social grave que no pienso resolver.
Que me sorprendo cuando conozco a un caballero.
Que la única cualidad que me enamora es que me hagan reír inteligentemente.
Que no funciono sin desayuno.
Que si hago siesta se me daña el día.
Que te miro y me veo reflejada, luego me asusto.
Que me debo un viaje a Cuba y uno a la Patagonia.
Que quiero cruzar el norte contigo.
Que quiero viajar sola.
Que no quiero encontrar respuestas a algunas preguntas.
Que ya no busco, pero me encuentran.
Que entendí que si das sin esperar nada, nada tendrás.
Que vivo cerca de la montaña rusa del ego, pero las entradas a esa atracción las regalé.
Que cometí el error de regalar las entradas a personas que quiero mucho.
Que tengo varios verbos pendientes por conjugar.
Que mi agenda la cambié por un cuaderno de bocetos.
Que a esta edad no debería ser impulsiva, pero no puedo evitarlo.
Que el insomnio volvió.
Que lo peor que me puedes pedir es que deje de inventar.
Que resolví ser sumisa y que eso no me lo creen.
Que no tomo y hace rato no fumo.
Que cuidarme de mi misma es cuidar a los que me rodean.
Que sigo sin creer en dioses y religiones.
Que adoro cuando te encuentro.
Que cuando te encuentro me pierdo.
Que las bocas hechas de agua son ilegales.
Que corro para sudar las angustias.
Que no vuelven los recuerdos.
Que mi mala memoria me precede.
Que tengo mucho que confesar.
Que por hoy no voy a confesar más.

La Mirada de Otro

sábado, noviembre 10, 2012



 La primera vez que leí (o intenté leer)  La Cámara Lúcida de Roland Barthes tenía 15 años, era una adolescente intensa y me lo regaló mi profesor de Arte luego de ver que andaba robándole momentos a la historia con la Polaroid de mi mamá. Obviamente me resultó muy denso, y alcancé unas páginas que generaron mil interrogaciones en mi mente. Eso si, mantuve el libro varios meses bajo el brazo, para lucir más intelectual e interesante. Cuando me preguntaban que estaba leyendo me inflaba de orgullo, de buena gana decía que era mi libro de cabecera cuando realmente lo que reposaba en ella era El Diario de Ana Frank.

Me casé y el libro quedó en mi casa, así como también la Polaroid de mi mamá, y las instantáneas pegadas en un corcho. En una revisión de esas que uno hace (típico que tienes que buscar tu partida de nacimiento, o tu título fondo negro de bachiller) me topé de nuevo con él. Tenía 26 años y ya había nacido mi hija.  Entre pañales, teteros y buches me lancé de nuevo a leer a Barthes. Mi esposo de ese entonces (Q.E.P.D), fotógrafo por hobbie y que coqueteaba con profesionalizarse,  una noche me miró con desgano mientras yo concentrada me adentraba en la lectura.

- ¿Qué haces leyendo al arrogante de Barthes? Es un opinador que tiene el atrevimiento de hablar de algo que no hace y desmeritar cosas que son muy importantes en la fotografía. 

Yo solo escuché, y la verdad es que consideraba que lejos de querer teorizar, Barthes hacía una aproximación bastante afectiva hacia la fotografía.  Lejos estaba de conocer ese tema del ego que rodea a muchos fotógrafos. Lo terminé de leer por compromiso conmigo misma y obligación personal con mi ex profesor de Arte.

Lo releí hace un par de años, y me reconcilié en parte con su contenido, pero no fue sino hasta este año, luego de haber tenido la oportunidad de asistir al visionado de PhotoEspaña, cuando todo aquel enredo Barthesiano me hizo todo el sentido del mundo. Para el visionado PhotoEspaña, toda vez que eres seleccionado de entre un montón de aspirantes,  debes escoger entre 20 personalidades del mundo de la fotografía y el arte de todo el mundo, a 10 con los cuales tendrás la oportunidad de estar 15 minutos, en los cuales te darán su opinión y crítica. Difícil elegir; pedí muchas opiniones, pero sólo la de mi amigo, el fotoperiodista Walter Astrada, me pareció lógica.

Con mucha sabiduría y luego de discutir la naturaleza de mi portafolio y mis intenciones o búsquedas para visionarme, me dió la siguiente recomendación: "Elige a quien quieras, pero que no sea fotógrafo". PUM! Mi cabeza explotó y automáticamente recordé a Barthes y su teoría del Studium y el Punctum, el Operator y el Spectator. Así lo hice, e incluí sólo a un fotógrafo en la lista.

De aquellos No Fotógrafos (curadores de arte, comisarios, directores de museos) aprendí a ver cosas que jamás había visto en mi trabajo: una línea conductual en mi búsqueda visual, una temática permanente y dolorosa en los tres trabajos que presenté y que juraba aislados el uno del otro (La Soledad), la búsqueda de la perfección que se deja colar mostrando mi historia personal y la identificación del valor artístico del trabajo presentado. De ahí surgió una posibilidad de Beca para una residencia artística en México en el año 2013 para seguir desarrollando uno de los temas y una publicación futura en una revista en Alemania.

Del Fotógrafo recibí una crítica ajustada a la política, halagos sobre mi manera de componer, falta de interés por los temas por estar alejados de su línea autoral, una recomendación sobre revelado, una crítica sobre la razón por la que uno de los trabajos estaba hecho en película y formato medio,  y una petición para ver si yo podía ayudarle a conseguir casos en Venezuela sobre un proyecto que viene desarrollando, ya que al cabo, yo era la única venezolana visionando en España ese año.

Así que, de regreso a Caracas retomé a Barthes, por encima de sus maneras arrogantes (obvio que lo es), y concentrándome en el fondo. Definitivamente la foto nació para ser vista y no es sino la conexión afectiva con ese espectador, la que vale para concluir qué tanto tu fotografía será recordada. Y si se trata de trascender, la conexión emocional es lo que cuenta. Me importa más qué miran en mis fotos mi vecina de enfrente que cocina y hace transporte escolar, las amigas de mi hija de 16 años, el dueño de la panadería que colecciona fotos, el señor del kiosco donde los domingos compro el periódico, mi cliente que quiere verse hermosa porque cumplió 50, la señora con cáncer de mama que prestó su imagen para una campaña de conscientización, me importa más la mirada del que logra conectarse con la imagen de modo especial, sin tecnicismos, sin preciosismos, que cualquier otra mirada. También me importa la mirada educada y formal, que ha visto pasar frente a sus ojos miles de obras, que es capaz de trascender la imagen y ver más allá de las formas, de esas hay pocas.

Así que recomiendo leer a Barthes, dejando el ego a un lado y entendiendo su sentido más básico, el de una mirada culta que mira a la fotografía desde afuera y que valora, definitivamente, la mirada del otro.

Ayer y hoy

lunes, octubre 08, 2012

Ayer

Seis millones ciento cincuenta y un mil quinientos cuarenta y cuatro venezolanos, con todas sus letras, dijimos abiertamente que queremos un cambio, que no queremos más vivir con miedo, que queremos algo mejor para nuestros hijos, que queremos trabajar en paz y construir un país donde salir a la calle no sea razón suficiente para ser asesinado, que queremos construir una nueva y diferente manera de ver a Venezuela.

Otra parte importante de los venezolanos dijo exactamente lo contrario, habló de mantener su status quo, habló de mantenerse en su zona de confort, no quiso desprenderse y se amarró a la subjetividad que les permite ver el orden social y político actual del país como su mejor opción.

Quedó claro. Nadie cantó fraude, ni pataleó desaforadamente. Admito que no llegué a percibir triunfalismo desbordado de parte de los ganadores - o fue porque decidí apagar la televisión - y que me perturbó la manera de celebrar con tiros al aire como en una demostración más de que la violencia y la amenaza triunfa sobre el resto.

El actual presidente en su discurso de anoche - que escuché esta mañana - aceptó que esos seis millones ciento cincuenta y un mil quinientos cuarenta y cuatro venezolanos estamos en su contra, y aunque nos agradeció haber aceptado la "derrota, el ego no le permitió ver que el asunto va mucho más allá de estar en contra de alguien o algo, sino que se trata de apoyar la idea de una Venezuela sin violencia que él no ha sido capaz de construir en catorce años - también con todas sus letras - y que, por el contrario, ha deteriorado a pulso y con paso seguro desde el punto de vista de sus valores morales, éticos y más básicos, manteniendo a la mitad del país amenazado en una guerra civil de facto.

Pero esto no se trata de contar qué pasó, eso lo sabemos todos. De porque volví a meter el dedo en la tinta, lo dije una vez y mantengo exactamente cada una de mis palabras.

Hoy

"Cerca de mí lo que más hay son personas que trabajan aún más duro de lo que ellos mismos suponen. Gente que de algún modo está redactando día a día el cuento que sus hijos recordarán con lágrimas en los ojos."

No lo dije yo, ni Chávez, ni Capriles. Lo dijo Carlos Spottorno y tuve la dicha de leerlo esta mañana. Las casualidades no existen.


Yo no conozco tanta gente como él, ni cerca, pero cada uno de nosotros al mirar alrededor podrá ver todos esos tipos de personas y actitudes que se toman ante una crisis o un momento difícil. Los oportunistas, los care' tabla, los corruptos, los cómodos, los hipócritas que critican pero mantienen su puesto, los que están en una nómina y cobran sin trabajar,  los empoderados sin mérito, siempre están.  Pero encuentro mucho más gente que trabaja duro pensando en su familia, gente creativa y emprendedora, gente convencida en lo que cree, gente inventando cada día una manera de seguir adelante dentro de todo esto que se supone es sobrevivir y gente que aunque está en puestos públicos trabaja decentemente y de manera honesta. Yo soy de este último grupo, y es mi única manera de vivir, es lo único que sé hacer, y lo que seguiré haciendo.

Es cierto Carlos,  "... aguantar esta atmósfera rancia y ahumada mientras tratamos de mantener vivas las frágiles flores que son nuestros proyectos, nuestros planes, las ideas constructivas, es muy difícil."  Tan difícil que a veces siento que es más fácil abandonar que seguir. Pero mi espíritu no se acostumbra, cada paso que doy cargando el peso de la inseguridad que vivimos en mi país me duele, batallo y hago pataletas, entre paso y paso digo un par de groserías, y sigo.  Sé que llegará ese momento que describes en donde el peso ya no estará y de tanto resistir nos alzaremos en vuelo alto. Espero poder vivirlo y contártelo con un café en la mano.

Resistir ...  me quedo con esa palabra. Fue mi última reflexión de anoche y con la que me despierto hoy en la mañana. Resistir es luchar fuera de lo que conocemos como un criterio tradicional de opresión-liberación, no lo dije yo, lo dijo Michel Foucault. Hoy más que nunca creo en que todos somos seres políticos, y desde mi posición ahora, soy resistencia. Yo lo acepto: la sociedad como la conocía ya no existe, definitivamente estamos en otro país y creo que me toca entender esta nueva configuración de lo social que me rodea y dejar de pensar que se puede sacar con un dedo - aunque lo seguiré metiendo - . Conocer lo que ahora es nuestro país debería ser cátedra obligatoria en nuestro aprendizaje diario, desaprender y aprender, no para aceptar, sino para poder intervenir en estas nuevas estructuras de desigualdad social y de poder, y hacer oposición inteligente. Y ese es el verdadero camino que se construyó a partir de los resultados electorales de ayer. Sí hay un camino, y yo lo empecé a andar.

Espero que el resto de los seis millones ciento cincuenta y un mil quinientos cuarenta y cuatro venezolanos comiencen a pensar igual, que comiencen a pensar en que la resistencia activa y creativa es lo único que nos permitirá contar con un futuro diferente. Si tendremos la oportunidad de disfrutar de ese futuro, esa es otra cosa. Yo pienso en mi hija. 

Ahora, a trabajar!

 

Volver a lo básico

domingo, septiembre 16, 2012

El próximo sábado mi hija cumple 16 años. Hace 16 años también estoy involucrada con la fotografía.

Ella decidió pasar su cumpleaños sobre las tablas, actuando, cosa que hace desde hace 8 años, y fue precisamente en ese momento cuando inició mi carrera profesional en el mundo de la imagen, también fotografiando en el teatro. Ambas pisamos las tablas por primera vez y tomamos decisiones , ella la de convertirse en actriz y yo la de comenzar a hacer de la fotografía parte de mi sustento de vida emocional y económica. Mirar a través de las imágenes su evolución, es mirar la mía propia y asombrarme de las coincidencias.

2006 - Ariana en BackStage de La Sirenita

Llegué a convertirme en profesional de la fotografía transitando un camino que no me estaba previsto. Sencillamente me ocurrió, sin yo pedirlo, como el adolescente que un día se levanta y se da cuenta que se convirtió en adulto sin percibir como realmente fue un cambio que ocurrió día a día. Hoy miro a mi hija adolescente y me pregunto en qué momento creció, y me maravillo por los aprendizajes, las alegrías, las tristezas y todo lo que hemos compartido. Lo mismo me pasa con la fotografía.
2008 - La Bella y la Bestia, Ariana en el centro como "Bella"

Siempre que vuelvo al teatro, cámara en mano, me reencuentro con lo básico, con lo genuino de fotografiar desde la pasión. Cada vez que tomo mi puesto "oficial" detrás de escena o desde el público, es como la primera vez. Aprendí con el tiempo a adivinar casi con exactitud cada movimiento, cada cambio de la luz, cada nueva escena. Aprendí a aislarme, tomar decisiones muy rápidas, entender qué fotografiar, casi de modo intuitivo qué excluir y qué incluir en el cuadro. Aprendí muchas cosas, me equivoqué muchas veces. Crecí.

2012 - Cleopatra

El sábado celebro el cumpleaños de mi hija, mi aniversario de ser madre y un año más detrás del lente. Ella estará trabajando y yo también, ambas en lo que decidimos convertirnos, ambas conscientes de la importancia de lo que hacemos en nuestras vidas, ambas respetando nuestros espacios y entendiendo los sacrificios que hacemos para lograr lo que nos hemos planteado como meta. Ambas comprometidas.

El sábado será otro buen momento para volver a lo básico.  Te amo Ariana.

Mirar con el corazón

domingo, septiembre 02, 2012

Un día como cualquier otro, recibí un mensaje para atender una sesión fotográfica con urgencia. El día que me planteaban casualmente lo tenía libre y el estudio estaba disponible porque otro cliente había cancelado y me puse a la orden. Cuando me dijeron que era unos "retratos sencillos en blanco y negro" nada me preocupó. Lejos estaba de pensar que sería uno de esos días que te cambian completamente la vida.

Estuve en sesión toda una mañana, un medio día fresco, lleno de risas y mucha buena energía, como hacía mucho tiempo no tenía la oportunidad de vivir. El tiempo pasó volando. Se requería que los retratos de mis dos "modelos" transmitieran esas ganas de pasarla bien, y la verdad confieso que mi trabajo fue mínimo. Eran dos señoras, una que podría ser mi hermana y otra mi mamá, llenas de energía y que dieron lo mejor de ellas, dejando a todos en el set admirados de su capacidad de responder a la directrices que les iba dando. Tengo que decir, que han sido mis mejores modelos en mucho tiempo.

La verdad es que para hacer el trabajo que me asignaron se requería, como es de esperarse, ser un buen fotógrafo, dominar no solo la técnica, sino esa dirección y conexión con el fotografiado que es tan importante en un retrato, que siempre busca transmitir emociones y personalidad. Pero en este caso, eso no era lo más importante, de verdad que no.  Mis modelos no fueron actrices, ni talentos de una agencia de casting, sino personas que se ofrecieron para representar en esas fotos el único papel que es realmente importante: ser ellas mismas. Ellas son para mi, más que modelos que tuve que fotografiar, modelos a seguir. Son pacientes terminales de cáncer con una actitud admirable.

Ese día, entonces, me reafirmé lo que siempre decimos cuando queremos sermonear a alguien pero que realmente no lo conscientizamos: de verdad no hay derecho a quejarse, a andar de mal humor por cualquier bobada, a amargarse la existencia por otros; no vale la pena porque estamos aquí de paso, es sólo un suspiro y cada minuto merecemos dedicarlo a apreciar lo que tenemos sin pensar en lo que nos falta. Dejar huella, dejar legado.

Más que con mis ojos, miré a través de mi lente con la emoción y la alegría que merece la vida. Bien lo dijo mi querido amigo Gil Montaño, cuando se refirió a su trabajo en la cobertura fotográfica de los recientes eventos en Amuay: "Lo primero que tuve que empacar para venir para acá, fue el corazón", y yo pude reafirmar ese pensamiento que siempre he tenido presente: mirar con el corazón, por más cursi que suene, es lo que siempre debemos hacer.

Y no es diferente para los fotógrafos: los ojos, así como la cámara, son sólo un instrumento. No se dejen engañar.

Este post va dedicado Eleazar por permitirme recordar :)

Desenfoque intencional





La excusa perfecta

martes, agosto 07, 2012

Hay muchos lugares a los que definitivamente no pertenezco y no fui hecha para ellos, esto según mi flagelante modo de diagnosticar y etiquetar esa manía casi abusiva que tengo de enconcharme y no salir de "mi mundo" por largos períodos.  Y me inventé la excusa perfecta para visitarlos: hacer fotos.

Tengo que confesar que cada vez que me toca salir de mi zona de confort imagino que algo pasa y me impide meterme en terrenos desconocidos aunque después sea la mujer más feliz del mundo. Eso no deja de pasarme cada vez que mi querida amiga, la pequeña comeflor, me arrastra literalmente a alguno de esos destinos exóticos que se inventa para La Escuela Foto Arte. Es mi culpa, yo la convencí, y ella a mi,  de estar juntas en estas aventuras. 


Perfil del Cerro Wichuj (Cara del Indio), vista desde la Comunidad Indígena de Ceguera. Foto por: AM
 Esta vez la confabulación para arrancarme de mi "citadinez" y llevarme hasta la selva amazónica no fue solo de mi amiga la petisa viajera, sino del universo en general. Leía una y otra vez el itinerario y repasaba las frases que me atormentaban: "remontaremos el Río Sipapo en voladora por 4 horas"; "caminata por la selva durante 3 horas"; "lleve todo impermeable, habrá mucha lluvia" y me seguía preguntando de que modo me metí en tal paquete.  Me repetía permanentemente que iría porque la cámara me estaba llevando, porque fotografiar es lo que yo sé hacer. Así fue como sin darme cuenta estaba montada en ese avión de dos hélices, con 69 personas más, entre ellos 12 foto viajeros, 2 guías y mi inseparable @arianuchis

Parte del grupo llegando al Raudal Calderón, parada antes de seguir el viaje hacia Autana Tepuy. Foto por: AM
El grupo de foto aventureros era variopinto, no estabamos llenos de fotógrafos con experiencia como se suele pensar en estos casos. La mitad del grupo era experimentado, y la otra mitad no, incluso un par de personas solo sabían manejar una sencilla cámara compacta. Y sucedió algo mágico, algo que me hizo tan feliz como el Autana Tepuy mismo y su majestuosidad.

Esa mezcla no buscada de fotógrafos experimentados y principiantes fue una demostración más de lo que siempre he defendido en este tema de la fotografía en los tiempos más actuales, llenos de tecnología abrumadora y masificada. Muchas veces la ignorancia es nuestro mejor aliado, realmente no importa la cámara, ni el soporte (analógico, digital, instantáneo, etc) ...  sólo hace falta una mirada sincera al mundo que nos rodea y que visitamos, y que la máquina sea nuestra cómplice, sólo un instrumento para dejar evidencia de eso que vemos y vivimos. Eso es verdaderamente fotografiar, al menos para mi.

La mejor cámara: la que llevas contigo. Fotografiando a orillas del Río Orinoco. Foto por: AM
 Durante los 4 días y 3 noches que pasamos juntos nunca se habló de técnica más de lo necesario para explicar alguna duda razonable, el lugar nos atrapó, y lo que prevaleció fue una exploración a través de la mirada, desde la honestidad y la humildad con la que arribamos a ese mundo desconocido que nos recibió sin recelo, a esa comunidad indígena que no se deja fotografiar porque piensa que en la foto se va su alma, a esa inmensidad que nos hizo sentir diminutos, a esos ríos y raudales cristalinos, a esa selva húmeda de árboles inmensísimos y grandes hojas que se pelean por la luz, a ese lugar mágico y sagrado desde donde, según la leyenda, nació toda la vida.  Todos nos olvidamos de lo que pensamos que sabemos hacer, y nos dejamos llevar por lo que pudimos sentir, por más comeflor que esto pueda sonar.

 El resultado fue evidente en las fotografías que revisamos cada noche, en ese pensar primero en que nos hacía sentir cada imagen que proyectamos en vez de la perfección técnica, en ese asombrarse de la mirada del otro y de la propia, en ese sentir generalizado de que todos somos iguales.

Insisto, para mi la cámara es solo la excusa perfecta para aprender a vivir.

Niña Piaroa de la Comunidad de Ceguera. Foto por: Anabella Salcedo


Perro en la Comunidad de Ceguera. Foto: Alessandra De La Correia

Niña Piaroa en la Comindad de Ceguera. Foto: Aaron Montilla




Selva. Foto por: Sergio Azuaje

Ecos de Mar del Plata

viernes, abril 06, 2012

Sin título (así ando). Cementerio Recoleta. Buenos Aires. 2012.

Estoy bien. Ya han pasado dos semanas y sigo en blanco, nada pasa en mi cabeza. Nada pasa, en general. A veces pienso que se trata de la memoria; este tema de olvidarlo casi todo me ha dejado sin historia, sin nada que decir - aparentemente. A estas alturas ya no recuerdo que viví, que me contaron y que me inventé en alguna de esas conversas donde empiezan a hablar de la niñez y yo me quedo sin algo decente que decir. Mi terapeuta dice que es simplememte miedo escrudiñar la memoria. "Simplemente miedo" es un oximoron, el miedo no es simple, nunca podrá serlo. Pero, qué pasó hace dos semanas es lo que escribí cuando llegué del viaje que me removió el mundo, por diferentes razones, pero aquí me concentro en lo que se refiere a la fotografía.

Mar del Plata, Argentina. Cerrando Marzo, Otoño en pie de guerra. 16 grados centígrados en el día, promedio. El espacio era amplio, pero todos estábamos concentrados en un rincón, cerca de la mesa donde desfilaríamos para la llamada "Clínica de Estética" dirigida por Marcos López y Augusto Zanela. Como llegué ahí es otro cuento. El concepto: 12 fotógrafos/artistas/aspirantes/alumnos/curiosos (ponga la etiqueta que le de la gana) y 2 moderadores/críticos/artistas (más etiquetas si le vuelve a dar la gana), cada uno con 10 minutos para presentar sus trabajos, a los que se suman 20 minutos de opiniones de parte de todos los que quisieran participar. Un "todos contra todos" con reglas establecidas.

La primera pregunta la lanza Augusto,  a mansalva dice mi nombre, agarrándome un poco desprevenida:"¿qué es una crítica?". Balbuceo descontrolado, las palabras salieron solas y sin mucho pensarlo dije "es una retroalimentación, no sólo si gusta o no gusta el trabajo, sino qué transmite y qué oportunidades de mejora tiene". Cassette grabado, práctica de crítica fotográfica Digital 2. Eco mental: "Arlette sonaste a profesora, que mierda".

"Me disculpan, pero yo voy a decir las cosas malas, yo soy el malo. Augusto es el bueno". Pausa, risa fácil con mirada sobre los anteojos, como quien busca aprobación, hacia Augusto. La sonrisa de vuelta lo confirma. Ese hombre pequeño y canoso, de risa contagiosa y desprevenida, con cachucha "trucha" de los Yanquees de Nueva York en color amarillo estridente es Marcos López. Ya lo había conocido la noche anterior, en su charla. En mi mente de memoria corta teníamos un pasado juntos. Estamos advertidos. Habla, se dispersa, se pierde y vuelve, en un ciclo que vería repetirse en los próximos dos días.

Esos, fueron días intensos de opiniones, crítica y reflexión. Patada y coñazo, decimos en Venezuela. Se trataba de trascender la cómoda posición del botón "me gusta" del Facebook o del Flickr en donde ahora casi todo el mundo que cree haber hecho algo heróico acude en busca de ... (inserte aquí su opinión). Se trataba de sustituir el botoncito por una aproximación respetuosa de la obra mostrada, y ver si somos capaces de aportar algo al autor y a los demás asistentes, y lo que es mejor, si somos capaces de procesar la crítica hacia nuestra propia obra.

En mi caso, fui la última del primer día de revisiones. Por ser "internacional" Marcos tomó la palabra, literalmente. Me resultó positivo que me dijera de entrada "No te voy a decir lo bueno, eso tu lo sabes", seguido de su mirada tras los anteojos y la sonrisa espléndida que mete a todo mundo en el bolsillo. Me compró. Respiré profundo y me dije que para eso estaba ahí, que venga con fuerza. Lo primero que me gustó fue que manifestara su preferencia y el rechazo hacia una parte del trabajo mostrado: "De todas estas me quedo sólo con cuatro", nunca supe cuales cuatro - tampoco pregunté-, pero bien, quedarse con cuatro de ocho es ganancia. Yo me hubiese quedado con una. No sé durante cuanto tiempo habló, tomé nota de todo, casi en escritura automática. Confieso que las pausas y las largas miradas de Marcos eran raras, a veces cómicas.  Habló de la metáfora visual como problema, de cierto equivoco que debemos permitirnos en las obras para darles credibilidad, de la perfección en contra del misterio, recomendaciones sobre casting, mezcla de luz, uso de locaciones y la búsqueda del tono y la textura, todo con miras a los proyectos futuros planteados.

Para mi toda la dinámica fue exquisita, aunque reconozco que me pegó que quisiera ver a la "artista de la balacera", la que vive en una ciudad en donde matan más de 40 cada fin de semana y donde no sabes si vuelves vivo de comprar el pan. Si, en esa ciudad vivo, y a veces no quisiera que me preceda, ni eso marque una línea de creación en mi obra, pero uno no sabe las vueltas que da la vida/muerte, quizás de tanto negarlo lo tendré que confrontar. Me concentré en leer las sutilezas tras la crítica recibida. Mezclé eso con dos noches sin dormir, la rabia de saber muerto por las balas a un conocido mientras estuve allá afuera (otro),  café con leche, la grasa de las medias lunas que me tenía la gastritis a mil y un tinto de verano, aunque ya era otoño, un cigarro que me cayó mal (hace rato que no fumo) y listo. Cocktail molotov para el alma. Así me monté en el avión, así pisé trópico.

Caracas, Venezuela. Iniciando Abril, el verano dando pelea. 29 grados centígrados, promedio. Pasada la página, y cuando me disponía a tomarme en serio la tarea de retomar la vivencia de Mar del Plata,  ayer matan a mi amigo Nelson Cabrices, de un balazo, así nada más.  "Ese chamo no se metía con nadie", me dijeron, pero es que ¿más o menos porque hay que pensar que el que seas bueno cuente para que te perdonen la vida en Caracas?. "Artista de la balacera"; no me gustan las balas, quizás por eso me invento un mundo dentro de un estudio. Bye, bye.

Por favor no se tome nada de esto personal, pasa cuando se me alborota el cuerpo y la rabia me invade, quizás por estos días me caiga la ficha, como dicen en el Sur. Mientras tanto, y volviendo a lo fotográfico, les invito a pensar, en cada "me gusta" a una foto que das o recibes ... ¿es suficiente?

Mucho por hoy. Chau.

Warhol tenía razón

jueves, marzo 01, 2012

Sunset Boulevard - Hollywood, CA . Ofrendas a Michael Jackson. Fotografía: Arlette Montilla
Hace unos días, mientras me comía una pata de pollo a la broaster, recordé la frase del guión de la película "The Iron Lady" que narra la historia de Margaret Thatcher.  "Antes era importante hacer cosas, ahora es más importante ser alguien", eso se lo dijo a su psiquiatra años después de renunciar a su cargo como Primer Ministro inglés.

Coincidencialmente, durante los recientes carnavales, en una conversa a la que sólo le faltó el vino, un grupo de opinadores aficionados -  entre ellos yo  - habló de algo parecido. "Hace unas generaciones todo el mundo quería ser médico, abogado, contador, científico y pare de contar. Hoy día es sencillo, lo que quieren es ser famosos, no importa el medio".

Bien, entonces sin darnos cuenta el cambio es fuerte: "ser famoso" se convirtió en una carrera u oficio. La fama, que antes era producto de un hecho artístico o científico, ahora es el hecho en sí. Entonces vemos que para alcanzar la tan ansiada fama, hoy las redes sociales y esa capacidad que tienen de exponer ante todos aquello que publiques, son la herramienta perfecta. No importa quien eres realmente, o si lo que haces es sobresaliente; es más importante lo que dices o lo que pareces ser. Somos personajes. No es entonces de extrañar que aquellos usuarios que hablan de temas controversiales como sexo, drogas, política, religión, sean los que más seguidores tienen. También están los que hablan de sus cosas más íntimas.  Los trolls (1) son famosos de inmediato porque generan polémica. Todas estas fórmulas funcionan. Da lo mismo ser el más amado, o el más odiado, con tal de no ser ignorado. Nos convertimos entonces en unos pseudo rock stars binarios, con una audencia asegurada.

¿Este tipo de fama es sostenible?, la verdad no me queda claro. Hay quienes dicen que si, porque depende de que tan ágil eres en mantener en interés, aunque el público de internet es exigente y se aburre rápido. Por supuesto, desaparecer y aparecer como un nuevo personaje, siempre será la estrategia perfecta para renovarte, total, nadie sabe quien eres. Hay quienes dicen que no, porque muchos no saben como mantener esa llama encendida, ese interés del público, y se desinflan rápidamente. Lo que sí me queda claro, es que si no tienes una base real (no virtual) y hechos ciertos que sostengan tu fama, poco durará la fiesta.

En fin, encontramos que vivimos en el mundo de la exposición virtual, o más bien de la sobreexposición. Nuestras vidas son un libro abierto y siempre hay gente interesada en ello, así sea por el chisme.  Mi conclusión es que la frase “En el futuro todo el mundo será famoso durante quince minutos”, hoy día tiene más validez que nunca. Lo dijo Andy Warhol, y tenía razón.

Ahora los dejo,  porque hoy me tocó el turno y me voy a disfrutar mis 15 minutos de fama.

(1) Personajes que sólo busca provocar intencionadamente a los usuarios o lectores, creando controversia, y provocando reacciones predecibles, especialmente por parte de usuarios novatos, con fines diversos, desde el simple divertimento hasta interrumpir o desviar los temas de las discusiones.

Caracas: luz y sombra

domingo, febrero 26, 2012


Caracas se me antoja como una joven bella, pero malcriada y maltratada, medio puta, con moretones en algunas partes y piel lozana en otras, que se maquilla, se acomoda, y puede simular que nada pasa. Tengo una relación amor-odio con ella, lo confieso. Tan es así que, en uno de esos proyectos fotográficos que uno está toda la vida desarrollando y que algún día mostraré (no es una promesa), retrato las ciudades que visito y nunca he podido incluir a Caracas; me he excusado diciendo que resulta que no soy visitante, sino habitante y que no puedo verla con los mismos ojos. Para hacer un resumen de toda esta contienda interna que tengo con la ciudad, el hecho es que nunca la había fotografiado, o al menos no con resultados que significaran algo para mi, hasta hace una semana.

Me dejé de cuentos, me dije a mi misma que a Caracas tenía que verla primitiva, primaria, básica, sin rebuscarla mucho, y me entregué a la "deriva" siguiendo los pasos de Marcos Durán en Tokio, ahorrándome la música, porque a pesar de lo intensa que pueda ser, no se me olvida el malandraje del cual hay que estar pendiente. No andaba sola, no soy tan osada; eramos un grupo de doce personas que recorrimos Caracas por tres días con la guía de Sara Maneiro en el taller "La Ciudad Observada" de La Escuela Foto Arte. Pero a pesar de que eramos varios, cada quien andaba en lo suyo.

Me armé con Yaya (una Yashica que me regalaron en mi cumpleaños), Holga (la lomográfica de 35 mm) ambas con película en blanco y negro, y con Terry (la Olympus Pen Digital que ahora es mi cómplice); para ser sincera al inicio no sabía cual lenguaje se adaptaría a mi duda legítima sobre esta ciudad que habito. Mi mente realmente estaba en blanco, y empecé a fotografiar, como digo yo,  con todos los sentidos.

Y así fue como se me presentó: "Mucho gusto, soy Caracas y no creo en nadie". La vi, en luces y sombras a manera de "el bien y el mal", en altos contrastes matadores, en líneas y formas: básica. Y como ya sé por donde entrarle y donde encontrarla, por ahí me largo y muestro algo aquí por no dejar.

AM

 Yo y Caracas
Silencio

De porque hoy metí el dedo

sábado, febrero 11, 2012

Así empiezo de nuevo este blog, si es que alguna vez lo empecé. Las fechas de las entradas anteriores dan cuenta de mi inestabilidad narrativa. Pero hoy es un día importante -no por esto de retomar el blog- sino porque hoy muchos tenemos la oportunidad de tomar posición y una primera decisión que marcará nuestro futuro.

Quienes me conocen saben que me opongo al gobierno actual, y soy congruente con mi voto de todas las elecciones pasadas, porque ni una sola de las veces le dí un "si" a propuesta alguna del actual Presidente de mi país, y cada vez que han anunciado que resulta ganador he llorado desconsoladamente de impotencia.

No soy una carajita, más de 40 años ya he transitado. En los últimos 13 años, hubo un tiempo en que me atreví a filosofar sobre lo que sirve y lo que no sirve de este gobierno. Hubo un tiempo en que mi lado izquierdoso romantiqueaba. Hubo un tiempo en que si alguien cercano era simpatizante del gobierno no me daba ni frío, ni calor. Hubo un tiempo en que vi como conocidos y amigos se "encamburaron" en el gobierno, ocupando nómina sin trabajar, firmando contratos y vendiendo su alma. Hubo un tiempo en que esas amistades me ofrecieron trabajo y vomité. Hubo un tiempo en que marché, agarré gas del bueno, y fui gente de asfalto. Hubo un tiempo en que pensé en irme. Hubo mucha frustración.

Pero hoy, no se trata ni de la filosofía, ni las consignas, ni el pañuelo con vinagre en el bolsillo, ni de quejarse, ni de criticar. Hoy es tiempo de definición. Hoy no hay grises; o eres de acá o de allá; hoy es un día para dejar el miedo en casa, para salir y elegir al candidato que podría iniciar un cambio. No creo en milagros, pero sí creo en el trabajo y tengo esperanza.

Hay personas que pueden hacer listas interminables de porque son opositores, o antichavistas. Y no solo listas, hasta tratados enteros. En mi caso y siendo totalmente sincera puedo decir que el problema económico, las relaciones internacionales, la fauna callejera, los hospitales, los excesos materiales de Marinés, y otras pendejadas varias de las cuales puedo quejarme no es lo que me mueve primordialmente a mantener y ejercer mi posición opositora. Hoy día lo que NO es negociable para mi bajo ningún gobierno, razón o circunstancia es que se haya perdido en mi país el respeto y el derecho a la vida. Seamos claros, no es que no se respeta, es que simplemente es inexistente. Estamos en guerra.

Es muy raro hablar con alguien y que la violencia no le haya afectado directa o indirectamente, todos conocemos a un amigo o tenemos un familiar que ha vivido o vive un episodio terrible de asesinato, robo o violación. El Informe de Homicidios 2011 del Observatorio Venezolano de la Violencia no puede ser más claro, les invito a leerlo y aquí suscribo la frase final:

"No podrá existir progreso ni bienestar en la sociedad mientras se irrespete el derecho a la vida y los derechos del otro"

La delincuencia y violencia desbordada es producto de una pérdida de valores elementales de la sociedad, que se ha incrementado dramáticamente en los últimos 13 años, resultante de una política de "igualdad" totalmente desvirtuada y mal aplicada, de un discurso violento que alimenta el resentimiento social y el llamado a la guerra, de la apropiación indebida como base fundamental de la demostración de poder, y de un gobierno que fomenta todo estos a través de la creación de milicias, entrega armamento a civiles y la ausencia total de acciones para controlar las muertes violentas que hacen que vivamos virtualmente en un país con las garantías suspendidas. Y en este punto no hay excusa; no me vengas tu a decir que hace 13 años era igual, que es un tema "cuartorepublicano", que las cifras están manejadas (cuando respiramos violencia en la calle), que si los gobiernos pasados, que el puntofijismo, que la privatización del petróleo, que el imperialismo "mejmo", que no son asesinatos, que no están muertos, que es un rollo pasional, que yo no fui, que fue Teté.

No me interesa el resto. Me interesa VIVIR. Me interesa que mi hija pueda tener una juventud libre, sin la paranoia de asaltos, secuestros y violaciones.

Por eso hoy voté, y me manché el dedo para que todos sepan que no estoy de acuerdo con vivir en esta mierda, porque es día de tomar acción. En Octubre es la segunda cita y por supuesto no voy a faltar!

#yo confieso - a propósito de acercarme a los 40

lunes, agosto 24, 2009


Que casi caigo otra vez, que la vida me la pone de bombita y yo que la dejo pasar.  Que nadie esta contento con lo que tiene, y lo que tiene uno es lo que le gusta al otro.  Que las palabras son dagas si se usan para matar (cliché!).  Que es hora de rescatar inspiraciones, solo porque si.  Que me mentí hace poco más de un año cuando pensé en iniciar en pensamientos en blog (again!).  Que me veo y no me reconozco.  Que las imágenes hablan por mi más que mi misma. Que aprendí a administrar las verdades (sin decir mentiras). Que quiero días vírgenes, sin paquetes que resolver y que después los desperdiciaré sin saber que hacer con ellos.  Que la felicidad existe, está en el espejo de la cortinilla de mi Canon.  Que odio la hora loca y las cumbias.  Que puedo ser lastre, pero soy mejor de viento para las velas, si quieres.  Que tengo una miedosita escondida por ahí, pero me domina.  Que le temo a la vejez, pero no a la muerte.  Que me falta valentía (eso ya lo había dicho?). Que sí, que lo voy a hacer, esta vez si. Que soy un desastre llevando agendas y me río de la palabra "Gerente".  Que a veces, para decir la verdad hay que mentir, porque pocos te creen.  Que es duro encontrar un espejo y verse tan duramente.  Que no sería amiga de mi misma: soy mala con los cumpleaños, me fastidian las fiestas y no soy sociable (que novedad). Que sigo en el camino hacia mi meta, y sé que seré recordada.  Que ayer lloré al recordarte. Que te imaginé soñando. Que me sorprendo al levantarme por seguir viva.  Que no sacaré las cuentas de los hombres con quienes he estado.  Que es mejor perder las ganas que matarlas con cualquiera.  Que soy una mezcla de Miranda, Samantha y Carrie, pero NADA de Charlotte. Que no voy a baby showers.  Que ahora me doy cuenta de las trampas.   Que me gusta quedarme en casa, y es mejor estar dentro que fuera.  Que no me gustan que me despierten. Que ya no tengo mucho que confesar.

Vaya que el tiempo pasa ...

lunes, junio 23, 2008

En estas mis ideas de retomar, refresco las letras tiradas y encuentro historias que me parecen ajenas. Sin más releo y mientras repaso las líneas me doy cuenta que si, que recuerdo, aunque el tiempo haya pasado de aquellos días cuando pensaba que la felicidad no era un hábito que se me diera fácil.  Refresco sin pretenderlo aquellas horas -  quizás días, meses, años - de dependencia absoluta y miro con más rencor las huellas irreversibles que dejan algunas historias.  Irreversibles dije?... sí, irreversibles.  Que no por hacerse una la loca desaparecen así no más.  Por aquellos días no eran las imágenes mi manera de expresarme, sino las letras... y porque dejarlas?.   Recuerdo las palabras que me dijiste alguna vez, si... tu, el que soñana tener a mi lado y ahora a mi lado sueña: "Solo escribes cuando estás mal"... Sí, solo que le cambiaría el verbo, porque es hora de cambiar algunos paradigmas.  Solo "escribía" cuando estaba mal.  Me propongo escribir de todo un poco, y verdaderamente tirar letras porque si, porque me da la gana, porque me queda algo de irreverente y de querer deslucir las perfecciones.  Espero pues funcione de veras... 

La cosa pasa más o menos así...

martes, octubre 03, 2006


Me despierto en automático, doy un par de vueltas en la cama para espantar el insomnio, cubro mi cara con las sábanas, ahí debjao se siente seguro; abro los ojos en esa semi oscuridad y ahí estás, intacto en mi mente, instalado cómodamente , y ahí viene el vacío en el estómago. Trato de esfumar el hueco que siento con las manos, como si se tratara de una nube de polvo y no funciona. Veo en la mesa el teléfono como si de ahí pudiera sacarte convocando un acto de magia y me siento tonta e inválida por no poder desprenderme de esta necesidad de tu voz a toda hora. Parpadeo y sacudo ese pensamiento. Pienso en si hoy el "mousse-matte" de Maybelline me pondrá piel de photoshop para entrar en tu vida de imágenes digitales. Me rio sola de ese absurdo y pongo un pie en el piso, que - ¡que cosa! - sigue ahí. Pasan los olores del café y la pasta dental; la ducha y el ropero; el tráfico y los semáforos. Y heme aquí escribiéndo haber si encuentro alguna señal de que el día comenzó. Me doy cuenta que extraño tu alma; al cuerpo sólo mándale saludos porque recién lo ví ayer y le pedí que se cuidara. A tu esencia, si la ves, dile que yo sigo aquí, con la esperanza de guía y amándola. Que tengan un buen día.

Bien lo decía Walter Riso ...

jueves, septiembre 21, 2006

La mujer de la terapía desapareció por un rato. Quedó, más en la mañana que entrada la tarde, ese ser débil y dependiente, aferrándose a la tabla de salvación que proclama tener - vaya que suerte que tienen algunos! - desgarrada y lloriqueando. Bastó verla en el espejo para burlarme de ella, vaya que cosa, pobre angustia la de la inseguridad. Del otro lado de la línea telefónica el lado femenino, cada vez más masculino, obligándome a crecer. Se repite esa historia, la veo claramente.... Sigo identificando cuando mi yang se manifiesta y lo cubre todo, abusando de mi ying a toda máquina.
 

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