Revisitar Caracas: una invitación personal

domingo, noviembre 16, 2014

Siempre he dicho que mi relación con Caracas es compleja. En algún momento, cuando mostré mis trabajos lomográficos "Todavía vivo Caracas" decía que era como una joven puta, que recibe golpes duros pero bajo los moretones, bien maquillados y disimulados, siempre surge su piel bonita y risueña, y hasta tiene todavía muchas sonrisas que regalar.

Cuando Yuly de la Alianza Francesa me contactó para invitar a La Escuela Foto Arte a participar en el Mes de la Foto durante Noviembre 2014, lo vi como la oportunidad perfecta para mostrar, más que fotografías, la experiencia que a través de la cámara había vivido un grupo de estudiantes tras aventurarse a fotografiar en la calle de la tan temida, convulsionada, maltratada y sobreviviente Caracas. En Agosto de este mismo año habíamos realizado, de la mano de mi hermano del alma Eleazar "Caps" Briceño y su pupilo Mario Goncalves un taller de Fotografía de Calle que tuvo gran convocatoria: 18 personas que con gran ansiedad y expectativa dijeron "si" a la posibilidad de fotografiar en las calles de nuestra ciudad. Teníamos entonces una labor de curaduría titánica, de entre unas 180 imágenes excelentes, elegir sólo 10 que representaran las diferentes emociones que es posible vivir a través de escenas y escenarios cotidianos de Caracas.

Así las cosas, diseñamos "Ciudad Revisitada: ensayos breves" una muestra colectiva que se plantea como una invitación a volver a ver, a re-mirar, y conectarse de un modo diferente con la ciudad que habitamos diariamente y que no nos detenemos a ver.  El diseño museográfico de Luis Eduardo Alonzo, plantea un rompimiento del clásico lienzo blanco de la pared que se ve cruzado por una  franja de gris concreto que, a modo de calzada, se convierte en una vía para transitar las imágenes  acompañadas de un breve ensayo escrito por cada autor.  Una imagen por pared, en un respiro, amplio y profundo; un gran descanso para mirar con calma y en contraste con la convulsionada ciudad cada fotografía como una expresión única e irrepetible. Junto al texto de sala, en sendos monitores se despliega un time lapse de la ciudad elaborado por Diego Mojica y testimonios de los participantes y tutores del taller.

Para mi, participar en la curaduría al lado de Luis R Lipavsky, en el cuidado trabajo de Luis E Alonzo, contar con el apoyo de Aglaia Berlutti, Mario Goncalves, Ineles Di Donna, Djain Fiallo, y María Eugenia Losada sin cuyo trabajo no sería posible el Mes de la Foto para La Escuela Foto Arte, no solo es un placer, sino una reafirmación de que, definitivamente, la fidelidad, reciprocidad y amistad, se demuestran con acciones desinteresadas y amables que solo son posibles cuando trabajas en familia. Me siento privilegiada y muy bendecida por ello. No tengo palabras suficientes para agradecerlo.

En nombre propio y de La Escuela Foto Arte muchas gracias a la Embajada de Francia, la Alianza Francesa, especialmente a Yuly Marrero, por abrir estos espacios tan importantes para la fotografía en Venezuela y desde ya nuestro compromiso para continuar trabajando para que siga siendo posible en el futuro. Obviamente también al patrocinante principal de esta muestra, La Terraza de la Foto, que ya se apuntalada como un espacio de encuentro para la fotografía en nuestra ciudad.

Agradecimientos adicionales para Edgar Rodríguez, Martín Rodríguez y Giacomo Migliorini, que amenizaron la noche con buena música en vivo.

Sin más, los invito a visitar la muestra y a revisitar Caracas.

Donde: Sede La Escuela Foto Arte (9na Transversal con 7ma Avenida, Quinta Alex, Altamira)
Cuando: Martes de Viernes - 9 am a 7 pm (para verificar horarios en que todas las salas estén disponibles favor llamar al 0212.2633309)

"Un espacio que habla en imágenes, que nos rescata a nosotros mismos y a la ciudad como alma que quiere ser visible"- Claris Tigreros (Foto y texto)



Seis palabras

lunes, noviembre 03, 2014

Tenía 3 años sin ver a mi hermano Armando; él vive fuera de Venezuela mucho antes de la era de la emigración venepesimista. Desde tempranito supo que su vida no iba a funcionar muy bien en este país de mentalidad de petrodólar y machismo absurdo, así que cuando tuvo el primer chance y gracias a su maravilloso coeficiente intelectual alzó vuelo becado y con todos los gastos pagos y más nunca vivió en el norte del sur. Algunas escapadas por algunos meses, seguidas de huídas intempestivas, una intentona de vuelta con frustración de realidades, un matrimonio, un divorico, la madurez y el tiempo hicieron que tenga ya más de 20 años fuera del país. Es mi hermano el emigrante. El profesor, el investigador, el intelectual, al que admiro y con quien siempre odiaba jugar "Sabelotodo" porque no había quien le ganara, pero a quien quiero a chorros. Es padrino de mi única hija y vino a Venezuela especialmente a bautizarla aunque no entiende esos rituales. Tío-padrino de la única sobrina, la única nieta, la única descendencia de la generación de los 60 y 70 de los Montilla-Navarro.

En fin, ese no verlo por tanto tiempo, ese susto de ver como los pasajes subían y subían, esa incertidumbre de qué va a pasar después, de esta puede ser la última oportunidad, de apúrate que después no sabes, me hizo meterme en internet y lanzarle un tarjetazo doloroso pero bien pensado y largarme un rato con destino a la casa gringa de mi hermano en Atlanta. Sin CADIVI y sin un cuerno, nada de eso importaba. Por supuesto, arrastrando con mi hijita querida a quien le di con mucho esfuerzo su viaje de cumple-graduación-navidad y conexos, porque "de aquí pa' lante nadie sabe". Sabía que era uno de esos viajes de los que uno vuelve con el corazón arrugado, con trancazos por las costillas y más arriba (además del bolsillo), preguntándose cosas, cuestionándose todo, porque al fin y al cabo, el se iba a quedar, como siempre y nosotras ibamos a regresar, quien sabe a donde.

La cosa es que ya montada en ese burro, y sabiendo lo que venía,  pues lo que tocaba era arrearlo, como dicen por ahí, y ya estando allá como para olvidarme del asunto me inventé que nos encaramamos en un carrito alquilado y largamos por la carretera a ver qué destino lográbamos en 25 días que teníamos por delante. Con las mismas recorrimos un pocotón de millas (no quiero sacar la cuenta de los tanques de gasolina), conocimos 10 ciudades en 10 estados de USA y paramos por más de una noche en seis de ellas.

Por más que quise engañarme, la fotografía es el reflejo de lo que sentimos y cómo nos conectamos con los lugares que transitamos. Al menos así lo vivo diariamente, así es mi experiencia a través del lente. Disparé poco, observé mucho; no fui turista, fui de alguna manera una interprete de lo que sentía en la medida que recorría cada lugar. Así iba, con esa sensación crítica por delante. Aquí lo que edité como resultado de mi viaje. Son solo seis fotos, seis palabras.  Nada más, nada menos. Verlas fue identificar cada sensación en cada lugar, en medio de tanta frontalidad. Un viaje nostálgico de vuelta neutral que se resume en seis palabras.

Atlanta, Georgia: Abandono

Charlotte, North Carolina: Poesía

Washington DC, District of Columbia: Indefensión

New York, New York: Sobrevalorado

Boston, Massachussets: Perfectible

Charleston, West Virginia: Inmensidad




Ensayo fotográfico: Vallas donde vayas

martes, julio 29, 2014


Despertarse cada mañana en una país como éste, despertar y toparse en la calle con la sintonía de la radio, la estadística de la violencia, la pobreza que desciende por que consume más, el mensaje escondido y el discurso político pululante expulsado por un sistema que ya no siendo revolucionario  trata de construir una imagen sin sentido producto de la disparidad entre teoría y práctica, y asumirse cómodo en esto, hace que seamos un “no país”, un espacio sin ciudadanos, con deberes pero sin derechos, que escuchamos pero no hablamos, un espacio que nos pertenece, para seguir arando en él, por utopía, necedad o convicción.


¿Es ésta nuestra verdad?
A Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, se le ha atribuido la frase que asegura que “una mentira dicha mil veces se convierte en realidad”. Propaganda, panfleto, o discurso, llámelo como sea, ¿creémos en lo que se dice sólo porque se repiten sin cesar? Podría ser válido para los fanáticos de los endiosados, para aquellos que sólo ven y oyen pero no para aquellos que podemos percibir con el resto de nuestros sentidos.
El ensayo fotográfico, en proceso, “Vallas donde vayas”, apropiado lema de una empresa de publicidad, es una alegoría al discurso repetido, a la verdad que se escapa en el discurso, al mensaje empaquetado, a la propaganda política disfrazada de discurso social, a la ideología impuesta. Paisajes urbanos de la otrora pujante Caracas, en una mirada literal que incluye vallas publicitarias reales, originalmente vacías en representación de nuestras mentes y la decadencia que poco a poco nos envuelve, y que se adornan con mensajes incorporados, ciertos pero falsos al mismo tiempo, ciertos porque fueron dichos y falsos porque no existen materialmente y en un sentido figurado por la falsedad de su intención. Un "no país" representado por la "no fotografía".

A lo oficial le juego con mensajes que por conveniencia podrían ser extraoficiales, exentos de comillas de manera planeada porque no respeto la autoría de su origen y a manera de publicidad porque donde quiera que estén, donde quieran que vayan, los mensajes irán y no hay hoy quien que los confronte, ni de adentro, ni de afuera, ni ustedes o yo por ser cómplices de su existencia. 

Al fin y al cabo Goebbles quizás quiso decir que una mentira dicha mil veces se convierte en chiste y como buenos venezolanos, reímos. 











¿Hace falta el que vendrá?: pequeñas crónicas de despedidas

martes, julio 22, 2014

Foto por: Mario Goncalves - Identidades de Viaje

Me miró desde el azul de sus ojos. Sin mucho preámbulo me dijo "Me voy, en unas tres semanas estoy fuera del país".  Era la quinta vez en un mes que escuchaba frases como esa de amigos y conocidos. En esos casos no sabes que decir, te debates entre la tristeza de ver partir otro ser querido y la alegría de que haya encontrado una vía para hacer una vida mejor; también se mezcla la incertidumbre y el miedo de la situación propia, te haces preguntas, te cuestionas. Él es contemporáneo conmigo, pero piensa en su hijo y quiere darle otras oportunidades. "¿Qué vas a hacer por allá?¿Tienes trabajo?", me preocupé en preguntar, tenemos la confianza suficiente. "No lo se, sólo quiero sacar a mi hijo de este país. No me importa lavar pisos si es necesario". Tragué duro y aguanté las lágrimas, eso no es lo que necesita de mi, pensé. Nos tomamos un café, nos hicimos los locos y seguimos hablando de otra cosa como si nada, como dejando pasar el momento difícil de preguntar por la fecha exacta de la despedida.

Mi teléfono celular repicó, ese día llovía como parte de esos días bipolares de Junio que siempre me han chocado tanto; Junio es un mes confuso. Rara vez me llama, me escribe mensajes de texto o de chat, tiende a ser frío pero tiene una manera particular de expresar sus emociones y manifestarme su cariño. El corazón pegó un brinco, ya se va, pensé. Efectivamente, desde el otro lado del teléfono me saludó como cualquier día y después de un silencio incómodo dijo "Mañana me voy, no puedo despedirme personalmente, no quiero". Sólo atiné a desearle suerte, decirle que se cuide mucho y que espero verlo de vuelta, quizás cuando Junio no sea tan indeciso. Otro amigo que partió.

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Foto por: Mario Goncalves - Identidades de Viaje

Ese día hablábamos de trabajo, cuando lo hacemos le gusta sentarse en el sofá de mi oficina, se pone cómodo, se quita lo zapatos, se que siente en casa y eso me hace feliz. Siempre reímos, pero esta vez se puso serio. "Ya no puedo esperar más, con o sin licencia me voy."  Él es de los que tiene ya rato esperando por sus papeles de inmigración para el país donde está toda su familia, es un solitario, que decidió quedarse en Venezuela porque cree en ella, porque su negocio era próspero y porque es un soñador que cree que los cambios son posibles. "Estoy harto, para que cambien las cosas tiene que cambiar la gente y eso no pasa de la noche a la mañana. Nada me ata a este país, excepto mis amigos, que quisiera llevármelos en una maleta, pero no me puedo poner sentimental" . ¿Qué decir:? Otro afecto que se aleja, pensé. Odié la situación, odié pasar de nuevo por esto, lo miré y no me pude aguantar. Mientras le decía que siempre lo apoyaría en cualquier decisión las lágrimas corrían solas sin poder controlarlas. Me abrazó, "Coño mi compinche, mira que es difícil". Lo se, contesté.

Han pasado los días, esa despedida todavía no ocurre pero se está dando poco a poco, cuando veo que esta vendiendo sus cosas, haciendo inventarios, haciendo trámites para cerrar su negocio y dejar a toda su gente bien arreglada, lo veo en sus ojos y en su evasión cada vez que le digo para vernos. Me manda sus ideas de negocio fuera, me alegra el corazón saber que piensa siempre en mi. Creo que hay que ser fuerte, que cuando se toma una decisión como esa no se puede uno ablandar. Sentimientos encontrados y la vida partida en dos.

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Foto por: Mario Goncalves - Identidades de Viaje

Cuando me escribió para decirme que quería una reunión conmigo sabía que algo estaba tramando. Cada vez que lo hace se me hace un nudo en el estómago y hasta ahora siempre me había sorprendido con una buena noticia, una idea, un proyecto. Su cara morenaza y simpática me miraba con ojos brillantes, sonrisa a flor de piel, "no puede ser una mala noticia", pensé. Y no lo era, no para él. Con alegría desbordante y rostro de niño con juguete nuevo me lanzó directo y sin anestesia un "me voy" con disculpa incorporada. Su conflicto era faltar a sus compromisos conmigo, dejarme con pendientes y quería ver como podía solucionar. Todo era silencio, veía su boca moverse y no escuchaba nada, era como estar metida en un estanque bajo el agua.  ¿Cómo decirle que me importaba un pito el asunto laboral y que realmente me estaba dando en la madre que se me fuera tanta gente querida?. Me puse el traje corporativo y respiré. Repetí el discurso de suerte - jamás he creído en ella- , lo mejor es lo que pasa, que te vaya bien, y el "no te pierdas" que ya había repetido varias veces en el mes.

Hace unos días una amiga mutua me decía que estaba molesta, que no sabe porque pero que le incomodaba muchísimo ese tema de la gente que se va sin importarle nada de nada, sin mirar a los lados, sin pensar en los demás. Me lo decía con dolor, con sentimiento. Sólo atiné a decir algo que he reflexionado últimamente: nos aproximamos a las partidas como lo hacemos con la muerte, somos egoístas, pensamos en nosotros y no en el bien del que se va, en el descanso, en la tranquilidad y la calidad de vida que persigue. Y le dije: no hay manera de irse de tu país sin dejar heridas abiertas, emigrar es como renunciar a algo muy tuyo, hay que hacerlo sin mirar atrás, sin pensar en otros, porque de otro modo no lo harías. Yo iba manejando, pero por el rabillo de ojo pude ver como cruzó los brazos y suspiró profundamente. "Es verdad, lo que pasa es que no quiero que se vaya", dijo. "Yo tampoco, ¿almorzamos?", contesté.

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Foto por: Mario Goncalves -Identidades de Viaje

Ella siempre me escribe para pedir consejo, lo hace de vez en cuando, creo que por alguna razón necesita aprobación. Algún día lo entenderé. Había recibido un correo la noche anterior en el cual su compañera de trabajo, días después de haber partido a un viaje vacacional, le informaba que no volvería al país, que se quedaba, que "Chao pescao'" . Me dejó fría. Así nada más, después de emprender un gran proyecto que ha resultado exitoso, se quedó sin socia. "Así estamos", le dije, "¿qué vas a hacer?". Me dijo que tenía oportunidad de trabajo fuera y que no sabía porque lo había pensado tanto hasta ahora y que era hora, y dicho eso un "me voy pal carajo" me soltó.  Gancho al hígado. ¿Que decir esta vez?:"Échale bola pues".

Me di cuenta que de un tiempo para acá trato de no alargar esas conversaciones. Se cómo terminan, o se que nunca terminan. Seguimos hablando, no le toco el tema, pero es inevitable verla trabajar, ver todo ese talento y pensar que en sólo cuestión de meses estará en otro país, y que lo que alguna vez soñó aquí se desvanece poco a poco. A esa despedida no quiero ir, realmente no quiero ir a ninguna.

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Foto por: Mario Goncalves - Identidades de Viaje
Él tiene una energía desbordante, se ha enamorado del espacio que transito y por eso lo veo regularmente. Soy su "mamá fotográfica" y yo me lo creo.  Y así como es él de espontáneo, hablando de cualquier cosa me confesó que está planificando irse. No sabe si definitivamente, pero necesita apartarse de toda esta locura. Una vida personal batuqueada, proyectos de negocio que no terminan de florecer y una crisis vocacional fueron el caldo perfecto para que decidiera emprender un viaje quien sabe si con retorno.

"No tengo miedo, no sé que me voy a encontrar, pero no tengo miedo". Admiré su valor, pensé con algo de envidia sana que es fácil con menos de 30 años en el calendario, sin matrimonio, hijos, ni perro que le ladre tomar una decisión como esa. Le pregunté si estaba seguro y luego me arrepentí. ¿Quién soy yo al fin y al cabo para cuestionar las decisiones de nadie?. "¿No estarás huyendo?", pregunté con una autoridad terrible, como creyéndome que con algún discurso barato cambiaría su decisión. Iba manejando y no pude ver su cara pero me repetía a mi misma cien veces que era yo una metiche de pueblo. "No vale, no huyo, sé que cuando regrese encontraré los mismos temas que dejé pendientes, por eso no quiero dejar ninguno". La hora de cola pasó mientras me contaba sus planes, yo tenía algunos vacíos, opinaba a veces, la mayor parte callé. Otra despedida en puerta. La fila de carros avanzó y yo permanecí quieta. "Hey, avanza que la cola camina". Eso trato, pensé, de avanzar entre tanto intento.


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Detrás de los anteojos "retro" sus pequeños ojos se pierden, esperábamos para iniciar una actividad con varios invitados y me dijo "Chica, todo el mundo se va, ¿lo has pensado?". Ella es mayor que yo pero sus hijos son pequeños. Hablamos sobre las posibilidades de irnos de país y le confesé que la verdad no está en mis planes, que todos mis ahorros están invertidos en Venezuela, que a mi edad es complicado empezar se nuevo, y demás reflexiones que me he planteado. Silencio. También ella lo había pensado del mismo modo. Más silencio, nosotras nos quedamos en el país. El sonido del proyector de diapositivas inundaba el lugar, y me quede pegada viendo y sin ver a la vez. Más diapositivas, sueltas, sin orden, había que ordenar ese carrete. Palabras sueltas, espacios en blanco.

Pensé en el dicho "No hace falta el que se va, hace falta el que vendrá".  Nos inventamos cada cosa para justificarnos. Así somos. Así es Venezuela.

Entre la consciencia, la evasión y la indiferencia

lunes, marzo 24, 2014


Ayer 23 de Marzo mi hija y yo tuvimos la oportunidad de participar en la protesta pacífica en contra de la inseguridad que propone Gritos Silentes .  El día estaba hermoso, cielo limpio de verano y un sol inclemente nos acompañaron durante las casi dos horas en las que recorrimos el Bulevar de Sabana Grande, desde Plaza Venezuela y hasta Chacaíto. El plan era aparentemente sencillo: haríamos cuatro paradas siguiendo a nuestros líderes y en cada una alrededor de 40 personas que conformamos el grupo nos desplegamos a lo largo y ancho de un espacio, creando una especie de campo "minado" de paso obligatorio con los carteles que cada uno de nosotros sostenía, con el nombre, edad, profesión, lugar y manera en que murió una víctima de la violencia en Venezuela.  Y digo que era "aparentemente" sencillo porque estaba yo muy lejos de saber todo lo que pasaría de ahí en adelante. Caminaríamos y nos instalaríamos en esos lugares en completo silencio, en actitud solemne, de respeto y recogimiento, poniéndonos en el lugar de las víctimas y sus familias en un compromiso fuerte y muy emotivo. Eventualmente, luego de una señal,  haríamos lo que llaman una "descarga" que consiste en gritar muy fuerte, representando el dolor de la víctima o sus familiares.

Cuando aceptaron nuestra petición de ser voluntarias me enviaron los datos de dos víctimas que toman de una gran base de datos. Les di gracias por la información pero les propuse representar a personas conocidas o cercanas a nuestro círculo,  no tuvieron problema alguno. Entonces hicimos dos pancartas. Yo fui Nelson Cabrices, 46 años, Maquillador (y amigo), que fue interceptado el 04 de Abril del 2012 en Los Dos Caminos mientras regresaba a su casa para robarle el carro, al tratar de huir uno de los ladrones se acercó y le disparó sin compasión. Un solo tiro en un costado cegó la vida del cariñosamente llamado "Tío Nelson", un hombre sencillo, divertido y un profesional muy reconocido en su área con quien tuve la oportunidad de compartir; lo vi dos días antes de su muerte y me contó que se iría al exterior a continuar su carrera, ahí quedó su sueño. Mi hija fue Miguel Ángel Martín, 67 años, Agricultor, asesinado por la delincuencia organizada el 11 de Noviembre del 2013 con disparos de escopeta al llegar a trabajar a su finca en El Sombrero, Estado Guárico y padre de Ariadna Martín, nuestra amiga. No conocí al Sr. Miguel Ángel pero por mi amigo Omar Sierralta supe de su sencillez, humildad, amor por su trabajo y por el país. Era canario y dejó literamente la vida en Venezuela.

La primera actividad de reconocimiento inició un via crucis de sensaciones para mi. Nos organizamos en cuatro grupos y cada uno se reunió en círculo mostrando su pancarta. La idea era leer y conocer a las víctimas que cada uno de nosotros representaba. Fue fuerte leer todo aquello, identificarse con alguien de tu edad, o profesión, o que vivía en tu zona y jamás conociste, y saber que fue víctima como podrías serlo tu en cualquier momento me llenó de rabia, frustración, miedo, impotencia y tristeza, todo eso al mismo tiempo. Mis manos comenzaron a sudar mientras sostenía el cartel del Tío Nelson. Reconocí en los rostros de los demás voluntarios que no era la única que sentía así, muchos tragaron duro como yo y nuestros ojos ya mostraban indicios de lágrimas que no podíamos contener.



Las paradas: crear consciencia

Las primeras dos paradas fueron las más fuertes para mi, desde el primer momento comencé a llorar recordando a Nelson e imaginando lo que pudo haber sentido cuando lo asesinaron, pensé en su familia, en el dolor de perder un ser querido. Pude ver a lo lejos que mi hija lloraba también, y puedo imaginar claramente su conexión con la pérdida de un padre, porque ella lo vivió en carne propia, aunque no en manos de la violencia lo cual debe ser mucho más fuerte. En principio mi desconexión con el mundo exterior fue total, mi mirada estaba fija en un punto neutral, como en una especie de trance o meditación por exagerado que parezca, el voto de silencio durante la protesta es de las cosas más importantes que sucede en esta actividad: evita el rechazo generalizado de los que no entienden que pasa, obliga a leer las pancartas y te hace concentrarte en lo que quieres transmitir.

Pude ver, dentro de esa concentración a las personas que se paraban cerca y leían, sus caras de tristeza, como eran movidos por lo que estaban viendo. Lo más fuerte fue recibir pésames, palabras de aliento y contacto físico de personas, sobre todo abuelas o señoras, que al detenerse y entender de que trataba se conmovían. Me tocaban el hombro, apretaban mi mano o mi brazo en señal de apoyo. Esos contactos físicos me hacían llorar más, entender como otro ser humano puede hacerse solidario con tu dolor o hacerlo propio fue de las cosas más hermosas que viví. Unas señoras en un punto comenzaron a rezar y otras al pasar se persignaban o me brindaban una bendición con la señal de la cruz, como hacen los curas en las iglesias. Eran personas totalmente desconocidas, que no se acercaron por compromiso, que no sabían ni de cerca quien era yo, y sin pensarlo me daban una señal de apoyo. Consciencia.



El grito: evadir la realidad cuando pega fuerte

Seguíamos caminando y ese tránsito de emociones me seguía invadiendo. Había momentos en que me calmaba, otros en que volvía de nuevo al llanto. Un sube y baja, entre el calor, el sol y la observación. A mitad de recorrido vi como uno de los líderes hizo la señal para la descarga, sentí nervios de alguna manera. Cuando se completó la señal empezó la descarga de gritos que se contagió entre todos los voluntarios. Tomé aliento y grite como nunca en mi vida lo había hecho, se agotó el aire y volví de nuevo a gritar, lloraba terriblemente, un dolor auténtico me invadía, gritaba desde el alma, gritaba por Nelson, por Miguel Ángel, por todos, por mi, por mi familia. Grite una, dos, tres y perdí la cuenta de las veces por menos de un minuto. Terminé temblando y llorando, fue cuando abrí los ojos - o no recuerdo si siempre los tuve abiertos - miré a un grupo de personas entre ellos unos niños agarrados fuertemente de la mano de su mamá que me miraban con cara de incredulidad. Yo seguía sosteniendo firmemente mi pancarta.

"¿Porque todos gritaron mamá?" preguntó el niño más grande. La mamá no supo responder, lo jaló duro de la mano y le dijo "Vámonos, sigue caminando". Otra niña empezó a leer el cartel en voz alta como lo hacen los niños cuando están aprendiendo a deletrear y escuché con voz fina y lenta que repetía "N e l s o n   C a b r i c e s , a s e s i n a d..."; no pudo terminar la palabra, la madre le tapó los ojos y le dijo "¡No sigas leyendo eso!¡Es malo!" y se la llevó. Pude escuchar como se alejaban y la niña preguntaba "¿Pero era una grosería mamá?". Un señor se me acercó y me dijo "Asustaron a esos niños", yo pensé "Los niños tenían curiosidad, los asustados eran los padres, ¿cómo explicarles que hay una bala con su nombre por ahí?"

Muchos voltearon y siguieron su camino, pero si pude ver que en el momento del grito mucha gente detuvo su andar.  Fue menos de un minuto, después todo volvió a la "normalidad". Silencio. Una gran negación.



La caminata: vuelve la indiferencia 

Luego del grito realmente descargué mis emociones, el llanto paró, pude secarme las lágrimas, tomar algo de agua, revisar como estaba mi hija que de lejos me miró con los ojos hinchados y me regaló una sonrisa. Estábamos bien, estábamos vivas. Pude sentir una especie de paz, no se como describirlo pero gritar de ese modo realmente fue una catarsis, una manera de llamar la atención, de representar el dolor de que te arrebaten la vida de modo violento, sin haber terminado tu misión, sin haber vivido lo que te correspondía.

Ya más tranquila pude observar mejor el comportamiento de la gente, mientras caminábamos nos decían muchas cosas, personas que no leían los carteles y solo veían pancartas desde los edificios o las calles por estar muy lejos nos gritaban que fueramos a trabajar, no faltó un "Viva Chávez", ni un "estos escuálidos cada vez están más locos". Alguien dijo por ahí que todo era culpa de María Corina. Lejos estaban de entender que no era una protesta partidista y que la violencia nos alcanza a todos sin importar tu color político. Había que leer las pancartas para entender de que se trata todo, por eso las paradas.

Otras personas quedaban un poco afectadas, se asombraban y pude escuchar "nos están matando", "cuando me tocará a mi", entre reflexiones de algunos transeúntes. Pero lo que más pude apreciar fue personas que desviaban la mirada, entendían que había una protesta pero no se querían enterar de que iba; luego del grito y ya más centrada empecé a buscar con la mirada a las personas en total silencio para ver quien hacía conexión. Muy pocos. Casi todos pasaban frente al cartel mirando al piso, cabizbajos. Otros me miraban, concectaban un micro segundo pero pude entender que era un acto autómata, seguían inmersos en sus pensamientos. Pude ver evasión, pero más que todo pude ver indiferencia. Me dolía, pero pude respetarlo. No todos estamos preparados para tomar consciencia y muchas veces lo hacemos cuando el problema nos alcanza de cerca. Muchos no estamos listos para que nos importe lo que le pasa a los demás.

En conclusión: A mi me importa

Participar en esta actividad fue relevador de muchas formas, me hizo pasearme por un bulevar de Sabana Grande que representa en pequeña escala lo que sucede en el país. Alrededor de pinta caritas, burbujas de jabón, el muñecote de Barney repartiendo globos y las familias comiendo helado nos paseamos con la muerte a cuestas, vestidos de negro y en silencio, entre toda esa "alegría" forzada de la calle, ese evadir de la realidad, fuimos un despertar para muchos, un pedacito de consciencia que temporalmente o quizás para siempre se instaló en algunos. Y así estamos, entre un país chévere, y un país que se muere cada vez más rápido. Hasta que despertemos todos y exijamos se respete nuestro derecho a la vida. 

Finalmente, como concluyeron los organizadores de la jornada, coincido en que "... estas tareas no se hacen en un día. Solo sembramos una semilla, sabemos que esto no va a cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero es el inicio de algo. Gracias". Por eso #AMiMeImporta




La aventura de guarimbear

jueves, marzo 06, 2014


Ayer quedé encerrada en casa, como muchos no pude salir por las guarimbas - ahora elegantemente llamadas barricadas -  presentes en todas las vías de entrada y salida a mi urbanización; ante la imposibilidad de realizar mis labores cotidianas me coloqué mis zapatos de correr y salí a la calle, confieso que algo molesta. Metí en el koala varios volantes para repartir, de esos "pacifistas comeflor", diría mi marido.  Hice casi 7 kms trotando, en los cuales tropecé con 6 barricadas, dos de ellas con muchas personas y el resto abandonadas pero obstaculizando eficientemente el tránsito automotor.


"Esto no es una guarimba", dice la señora con las llaves de su casa en la mano y una gorra con la inscripción "Capriles Radonsky Presidente". "No es una guarimba porque no tenemos armas", explica, "... esto es una barricada". Un hombre joven vestido con ropa deportiva había llegado en su camioneta y al no lograr pasar se bajó, la cerró y se sentó en la acera con cara de frustración, llamó por su celular a casa e informó que no podía llegar por ningún lado; se había rendido. Llevaba rato sentado con la cabeza baja cuando la señora Caprilista explicó porque no era una guarimba esta suerte de muralla de escombros, madera, plantas, repuestos de carro, cartones, tanques de agua, bañeras y demás desechos que se levantaba de punta a punta en una calle principal de la urbanización del sureste de Caracas. "Señora, una barricada es para defenderse de algo y no dejar pasar al enemigo... ¿todos los vecinos son sus enemigos?¿de quién se está defendiendo usted?", dijo calmada y respetuosamente el joven. La señora lo miró con rabia, sin argumentos, leí en su cara la impotencia y de seguido gritó "¡Tu no entiendes nada, eres un chamo!". Acto seguido el muchacho volvió a su camioneta, dio la vuelta y se largó dejando a la señora con la boca abierta y explicando al resto de las personas presentes su comportamiento.

La palabra "guarimba" no existe en el diccionario, y cuando investigas las definiciones en internet sólo hacen referencia a los bloqueos de vías ocurridos en el año 2004 en Venezuela como estrategia para ocasionar paralización del país y caos en desobediencia a la presidencia de Hugo Chávez Frías. Muchos recordamos esa época. Investigando más encontré que "Guarimba" era el nombre de una de las tres haciendas en el valle de El Ávila que nombraba Luis Manuel Urbaneja Achelpohl en su novela "En este país" que se desarrolla en plena guerra civil venezolana. En "Guarimba" vivía un peón llamado Paulo, enamorado de Josefina la hija del dueño de la hacienda Macapo. Paulo superó distintos obstáculos sociales para convertirse en el General Paulo Guarimba; sólo de esa manera el padre de Josefina accedió a que se casaran, porque ya no era un peón, sino un General con posición económica y política para poder ser honrado con la mano de su hija. Paulo Guarimba es entonces la síntesis del héroe criollo que triunfa y se impone sobre la sociedad aristocrática de la época. Cuando leí esa historia algunas cosas comenzaron a hacerme sentido.



Héroes a la criolla

En el criollismo venezolano el héroe es aquel que sin muchos recursos supera los obstáculos que le impone la sociedad para surgir, para tener acceso a ciertos privilegios y triunfar. El héroe criollo es el protagonista de la novela venezolana (clásica y contemporánea), y sin importar el género, ya sea hombre o mujer, para este héroe o heroína la lucha de clases siempre está presente. Y no podemos negar que el venezolano es novelero. El héroe criollo es vernáculo, y es producto de una nación liberada tras las guerras.

En las guarimbas o barricadas - no vale la pena discutir el término- en estos días del 2014 (10 años después de los  intentos fallidos de esta estrategia contra Hugo Chávez) encontramos a muchos de estos héroes criollos, luchadores, constructores de país, como ellos mismos se denominan a juzgar por las pancartas colocadas en muchas de estas montañas de escombros en donde se deja leer "No pase, país en construcción". Personas convencidas de que la estrategia de bloquear las vías, paralizar al país y promover cierto nivel de caos es la mejor lucha que pueden librar, mientras pintan palomas de la paz en el piso y llamados de S.O.S que podría ver un helicóptero.  Está presente el amor a Venezuela, la defensa de los símbolos patrios originales (no los "bolivarianos"), la rabia, la impotencia, cierto nivel de frustración y, por supuesto, excepticismo ante acciones más pacifistas. También está presente la crítica para aquellos que no se unen a la lucha guarimbera, contradictorio con la petición de no ser criticados y que los dejen trabajar. Surgen líderes naturales que con voz firme hacen llamados, gritan consignas, convocan a los vecinos, invitan a traer peroles y colocarlos para hacer crecer la muralla que con orgullo levantan.

Escaso es el diálogo, y abunda la desconfianza. En uno de los lugares me preguntaban que hacía yo ahí, que jamás me habían visto, y como sabrían que no era infiltrada para identificar al líder y sapearlo. Me sentí en el guión de una película de guerrilla urbana mal producida. Pude entenderlo, es normal en estos casos.  Hay consciencia acerca de que lo que hacen los puede llevar a ser detenidos, pero hay valentía. Héroes y heroínas de una guerra por venir.

Que bonita vecindad

Muchos de los que llegan a la guarimba, aunque se tienen que devolver, tocan corneta, gritan consignas y felicitaciones. Muchos de los que caminan los llaman valientes, héroes, luchadores. Una viejita sencilla pero bien arreglada llega hasta el lugar y da las gracias, dice que ella está sola, que está muy vieja para salir a la calle, y que agradece lo que están haciendo por el país, todos se conmueven, incluso yo. También los felicita por lo bonita y grande que quedó la barricada, hay sonrisas, caras de orgullo, comentan de donde sacaron las cosas y hay historias para regalar de cada uno de los artefactos puestos en la muralla improvisada. Hay camaradería, vecinos bajan café, pan con jamón, preguntan a los presentes si desayunaron y se hacen relevos. Traen sombrillas para el sol y los ayudan con sillas y colchones, un campamento feliz. Eso si, no se hacían fotos y no dejaban que se las hiciera.

Pero no todos están de acuerdo. Durante el tiempo que me detuve en estas barricadas también muchos vecinos que pasaban caminando se quejaban, diciendo que les resultaba ilógico que se bloquearan las vías en zonas en donde el único caos que se genera es para los propios vecinos. A estas observaciones la respuesta de nuestros héroes desde una silla de plástico, una sombrilla de playa y un megafono es: "¿Y que estás haciendo tu por el país?¿Trabajar? ¡Para que si lo que ganamos no alcanza para nada!¡Nosotros estamos luchando!". Otros pasan sin decir nada, pero basta con mirar sus caras para entender que el asunto no les hace mucha gracia.

Una señora deja el carro en la barricada, vive cerca pero no puede pasar. Coloca la alarma, saca su cosas y con calma pasa con dificultad caminando por un pequeño espacio de escombros destinado solo a peatones que con cierta ayuda pueden pasar al otro lado. Al terminar de pasar se sacude la tierra de la ropa y dice tranquilamente mientras inicia su caminno a casa: "Sigan así, somos los únicos que estamos encerrados", y sigue su andar. De seguido varias personas le gritan que era mentira, que saben que toda la ciudad está trancada. La señora se detiene, sin jamás perder la compostura y con tono calmado comenta que viene del centro, que nada pasa en Caracas y que mientras en el sureste se encierra la gente en sus urbanizaciones allá en Los Próceres ya había empezado el desfile con Raúl Castro de invitado. Silencio. Todos chequean sus celulares y Twitter. No dicen nada pero siguen firmes. La señora se va y pide que por favor le cuiden el carro.

Diálogo de sordos


(Del lat. dialŏgus, y este del gr. διάλογος).
1. m. Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos.
~ de sordos.
1. m. Conversación en la que los interlocutores no se prestan atención.

Un mototaxi llega con un pasajero. Pide con mucho respeto: "Por favor dejenme pasar para dejar a este pasajero". Los encargados se miran las caras y le informan que lo sienten mucho pero que no puede haber excepciones. El mototaxista explica que tiene que pasar porque su pago lo tiene alguien que va a recibir al pasajero, que si no llega no le van a pagar la carrera, que viene de muy lejos y que de eso vive. La negativa se mantiene. Se suman otros para darle fuerza a los líderes y lanzan el siguiente argumento: "Nosotros tampoco fuimos a trabajar, todos se tienen que sacrificar por el país". El trabajador vuelve a pedir por favor le den paso, es sumiso, realmente necesita su dinero, pensé. Estuve a punto de hacer una mediación, pero preferí ahorrarme el linchamiento. Todos se agolpan frente al motorizado, la cosa se empieza a poner tensa, le dicen que de seguro el apoyó a Maduro, que tiene que sufrir las consecuencias igual que todos. Al no responder nada, alguien le dice: "¡El que calla otorga, chavista!". El mototaxista da la vuelta y se va. Todos se sienten triunfadores ejerciendo el poder en su pequeña trinchera donde son Generales como Paulo Guarimba.

Un hombre motorizado llega con cara de descontento, supongo que por pasar ya varias barricadas y ahora tener que repetir la historia. Se acerca y sin mediar palabra apaga la moto muy cerca, se baja y comienza a quitar escombros y cosas abriéndose una vía. Estaba realmente molesto.  La gente le grita muchas cosas, entre ellas la palabra "Chavista", supongo que a manera de insulto, el hombre no se inmuta y sigue su labor, se abre paso, y al prender su moto de nuevo dice: "Sólo tengo que trabajar". La gente indignada le grita que no va a llegar lejos porque hay más barricadas adelante y hablan de lo arrogante y mal educado que fue el hombre, que ya no hay respeto, que por eso estamos donde estamos. Supongo que mi cara era un gran signo de interrogación. Todos refuerzan y ponen más cosas en el lugar por donde el sujeto se hizo paso. A mi mente llegó la famosa consigna "No pasarán".

La verdad nunca pude observar la intención de un verdadero diálogo, incluso con los vecinos. Mis volantes pacifistas seguían en el koala. El "si no estás de acuerdo, no jodas" está a la orden del día. No hay discusión o negociación que valga y realmente la guarimba, en su sentido más básico no quiere convencer a nadie de nada, solo quiere generar paralización, agudizar el descontento y provocar reacciones tendientes al caos que presumiblemente puedan llevar a un gobierno a declararse incompetente para controlarlo. Si usted apoya estas iniciativas y se siente ofendido o con ganas de decirme un par de cosas tras leer este último párrafo debe sincerarse. Acepte la realidad de la propuesta que apoya y siga adelante con ella, eso si, con mucho guáramo porque lo que viene se pone de otro color. 



Ganadores y perdedores

En todo el conflicto que vivimos en Venezuela seguimos sin saber que es lo que viene después. Los guarimberos del sureste se catalogan a si mismos de radicales dispuestos a arriesgarse, cuando llegue el momento claro. Mientras en Altamira un grupo de muchachos son carne de cañón, son arrestados, torturados y están resteados, podría decir que los guarimberos también corren el mismo riesgo a corto plazo. Todos en el sureste esperan su momento cumbre con la Guardia Nacional Bolivariana o con los colectivos armados, saben que les va a llegar, pude sentir en algunos que de alguna manera lo desean. Aunque la instrucción es montar la guarimba e irte a refugiar en tu casa, bien sabemos que dado el momento te van a buscar a tu casa también, ellos lo saben, hay bastante claridad.

El objetivo de la guarimba va agarrando forma, sin que eso signifique que esté de acuerdo. Ayer en cadena nacional, el Presidente Nicolás Maduro en un momento de euforia y demostración de quien tiene el poder indicó - gritó - que todos los líderes de las guarimbas están o estarían presos e hizo un llamado a las comunidades a apoyar la revolución y defender al país con la frase "candelita que se prenda, candelita que apagamos". Fue una manera directa de girar una instrucción a los colectivos armados de atacar -ahora si- sin compasión a quien quiera generar caos, generando a su vez más caos. Empieza pues una espiral indetenible, que no sé hasta que punto realmente pueda controlar el gobierno sin llegar a consecuencias catastróficas que lo hagan tambalear. 

Desde hoy inició el ataque en urbanizaciones del este como Los Ruices y Los Cortijos, de clase media el caos y violencia generada por los colectivos que fueron a desarmar guarimbas es protagonista, se cuentan dos muertos (un sargento de la Guardia Nacional Bolivariana y un motorizado) producto de un enfrentamiento civil, pueblo contra pueblo, ya van varios detenidos y las residencias del lugar están siendo allanadas. La zona está llena de tanquetas y los vecinos están sitiados. Temen por lo que suceda esta noche. Situaciones similares de colectivos motorizados amenazando y quemando cosas a su paso se repiten en Terrazas del Club Hípico, Manzanares, La Trinidad ya en el sureste. Quitan pancartas y gritan consignas. En mi urbanización falló la energía eléctrica y ya todos estamos en pánico, con planes de protección y angustia.

Pero a pesar de todo, parece que las opciones no violentas de protesta pierden terreno, no hay liderazgo, ni en lo político, ni en lo social para canalizar las energías y la rabia de tanta gente descontenta, y parece que tendremos que llegar a lo de siempre: muchos muertos, muchas injusticias, muchas detenciones y mucho dolor, para alcanzar exactamente ¿qué?

La historia no miente. Todos los conflictos bélicos o civiles, después de años, décadas o meses, han finalizado con algún tipo de diálogo, bien sea bilateral o unilateral, con treguas y concesiones de ambas partes o una de ellas.  El más fuerte también tiene que sentarse a conversar y a negociar con el más débil, o perdiendo también se gana, como lo quieran ver. Poner condiciones para dialogar es válido, pero las condiciones no se pueden construir sobre la base del orgullo. Caso contrario entramos en el juego de quien cede primero, del "quítame esta pajita" y todos somos perdedores en una guerra civil sin cuartel.

Mientras tanto el General Paulo Guarimba es feliz con Josefina. Fin.









La protesta en tus manos

lunes, marzo 03, 2014

Un mar de contradicciones, desinformación, manipulación mediática e incertidumbres, es lo que hemos vivido en los últimos 20 días de protestas en Venezuela (1). Pero ¿cuál es la diferencia esta vez? Creo que la diferencia es que cada día queda más claro, aunque se intente tapar el sol con un dedo, que en el país hay mucho descontento y que ya no estamos divididos simplemente en chavistas y opositores. Hasta hace un mes, yo decía que nos dividiamos en "vivos" y "pendejos", sin importar el bando político, un asunto moral y cívico. Pero desde hace 20 días el país está dividido en venezolanos descontentos con el gobierno que no callan y protagonizan protestas, venezolanos que están de acuerdo con el gobierno y lo defienden, y venezolanos que no están de acuerdo pero callan. El culillo es libre, dice mi mamá. He hablado con algunos de los que callan y coinciden en que  lo hacen por miedo a que en su propia comunidad se tomen acciones en su contra o porque no están de acuerdo con las formas de protesta más conocidas por el común: las marchas, las barricadas o bloqueos de vías. Piensan que traen consigo la posibilidad de represión y violencia, porque son vías muy radicales con las que no están de acuerdo o que los exponen en su integridad física. 

Si perteneces al bando de los que calla (no importa tu tendencia política) y quiere expresarse, hay muchas maneras de dejar constancia de tu descontento. Puedes dejar de ser pasivo y hacer algo más allá de observar. Aquí cerca, quizás a cuadras de tu casa ya están pasando estas cosas y están haciendo mucho ruido.  Mientras más se sumen a estas iniciativas, mejor.

El espacio público como medio de comunicación

Los espacios públicos son aquellos por los cuales transita mucha gente, donde es casi imposible que si algo sucede no sea visto. Desde intervenciones artísticas, hasta simplemente pegar un papel con lo que piensas en la parada del autobús funciona como medio; la ciudad se ha convertido en si misma en un medio de comunicación.

La intervención es una propuesta que busca generar reflexión en las personas y despertar consciencia sobre cierta situación, regularmenre la ejerce un artista o grupos de artistas, pero no es necesario serlo para ejecutarla. Suelen ser efímeras, es decir, duran poco tiempo porque son desmanteladas por aquellos que se sienten atacados o criticados, pero el efecto en las personas que logran verla y/o interactuar con los espacios es siempre importante, además del efecto del boca a boca que generan.  Aquí ejemplos de intervenciones que se han observado estos días:

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Flores en Cavim, la fábrica de balas estatal que produce más de una bala por venezolano al año. 21F. Fuente: @LuisCarlos

En protesta tiñeron de rojo las aguas de la fuente en Altamira | @RommyManterola
Agua de la fuente de Plaza Altamira teñida de rojo en protesta por las muertes en protestas. 01 Marzo 2014. Fuente: @ElNacionalWeb
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Playas de Lechería, Edo. Anzoátegui amanecen con cruces en recordatorio de las muertes en protestas. 01 de Marzo. Fuente: Diario de Caracas


Lo que dice la calle 

Si miras las paredes en la calle las verás llenas de papeles, pancartas o mensajes. Las paredes hablan, expresan el sentir de las personas, ya sea a través de dibujos, frases o manifiestos. Algunos rayan las paredes con spray o plasman dibujos a través de un esténcil o plantilla, que han diseñado algunos artistas y han compartido por las redes sociales, incluidos afiches. Esto se llega a convertir en algunos casos en arte de protesta, pero en definitiva tu puedes crear tu propio mensaje y dejarlo en la parada de autobús, la puerta de tu edificio, los ascensores de tu trabajo, el espejo de baños públicos, lugares por donde pasa mucha gente y se detendrá a leer lo que está expresado. Si el mensaje no es violento, insultante, o denigrante llamará a la reflexión y a la consciencia de muchos. Aquí unos ejemplos en la calle, fotografías hechas por mi en distintas partes de la ciudad de Caracas (si buscas en twitter e instagram #LoQueDiceLaCalle verás muchos más ejemplos)




Protesta activa: lleva tú el mensaje 

Cuando estás presente y portas o entregas directamente el mensaje hablamos de protesta activa. Tu presencia hace un efecto importante y puede ser una protesta silenciosa, donde solo portas y entregas el mensaje sin interactuar, o a viva voz, cuando además de portar el mensaje también conversas con las personas. Es importante que este tipo de acciones no las ejerzas solo, sino en grupo para cuidar tu seguridad. Tampoco deben ser realizadas en sitios solitarios, sino concurridos: esquinas transitadas, semáforos, centros comerciales, autobuses, o sistemas de transporte como el metro. Si te pide alguna autoridad desalojar el lugar, no discutas; simplemente retírate y busca otro punto para seguir con tu acción. También deben saber que no es conveniente entrar en discusiones y si alguien no está de acuerdo con tu mensaje no debes empeñarte en que lo acepte. Aquí algunos ejemplos:

Ver imagen en Twitter
Protesta silenciosa en el metro de Caracas. 23 de Febrero 2014. Fuente: LaPatilla.com
Pancartazo en Caracas. 26 de Febrero 2014. Fuente: Telemundo y @pancartazove


Video: Protesta creativa en Sabana Grande por la violencia. 26 de Febrero del 2014. Fuente: José Malave (Youtube)

Conviértete en el medio: volantear

La iniciativa de volantear es, además de interesante, muy efectiva. Se trata de imprimir o hacer copias de un mensaje claro en pequeños papeles que repartes en algún punto de la ciudad. La diferencia en este caso es que aquella persona que recibe el mensaje se lo lleva y puedo compartirlo al llegar a casa u oficina, el efecto entonces es multiplicador. Sí, habrá agunos que no acepten el volante, o te lo devuelvan, no discutas con ellos, es su elección. Otros querrán buscar discusión o conversar, trata de mantenerlo al márgen. La iniciativa ha sido muy bien canalizada por un grupo independiente no político, recogiendo diferentes tipos de volantes para diferentes ocasiones de los cuales puedes elegir cualquiera y armar tu grupo para repartir, o tomar alguno como ejemplo y diseñar. Además dan consejos y piden ayudan por lo que puedes unirte a cualquier llamado que hagan en su cuenta de twitter @volantear.

Con esta iniciativa, además de transmitir un mensaje también transmites información que en los medios tradicionales no podemos ver. Por eso es una manera de tu mismo convertirte en el medio. Se recomienda usar ropa neutral, ir en grupo, estar poco tiempo en el mismo lugar, invitar a quien recibe la información a compartirla, hacerlo en sitios de mucho tránsito y preferiblemente en lugares donde esté la población a quien deseas llegar.

Si tienes miedo empieza por tu propia comunidad, quedarás sorprendido al saber la cantidad de personas que están desinformadas. Tu edificio, tu calle, el parque cerca de tu casa, luego poco a poco puedes ir reuniendo gente, animando a otros e ir ampliando la zona de acción. Una idea que ha resultado interesante es volantear en el transporte público: metro o carritos por puesto. Súbete en un vagón o unidad de transporte, pide permiso y reparte volantes. Sal en la siguiente estación o bájate en la próxima parada.

Protestar es necesario

Como ves, si no estás de acuerdo con algo,  hay opciones no violentas para decirlo. No tienes porque "guarimbear" o participar en una barricada si no es tu deseo, ni por eso tu protesta tiene menos efecto que otras. Tampoco convertirte en un enemigo público de las opciones más radicales ayudará mucho, lo digo por mi misma y después de mucho pensarlo y hablar con personas a favor de estas opciones entendí que al fin y al cabo es una forma de protestar. Ocúpate de lo tuyo, deja que las otras formas de protesta vayan a su propio ritmo y obtengan su propio peso. Preocúpate por tu grano de arena.

La buena noticia es que la protesta está en tus manos y tu la puedes llevar a la calles y más allá de las redes y de tu casa o tu familia. Si miras a tu alrededor y ves estas formas de expresión que he mencionado vas a poder identificar una fuerza motriz en común, que está en la búsqueda de hacer algo, de decir algo, de fomentar reflexiones, mínimos cambios de postura que harán grandes diferencias a futuro. La trascendencia político-social de estas opciones pacíficas, tiene mucho que ver con la empatía, el enfoque positivo y abierto y que son la contraparte de la dimensión opaca de la sociedad: el individualismo, la violencia y el conflicto. 

Y bueno si, pueden decir que soy comeflor. Pero comeflor en resistencia.


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 (1) Ya se cuentan casi 20 días de protestas en Venezuela. Según el gobierno hay 18 muertes oficiales asociadas a protestas (directas e indirectas), y el Foro Penal contabiliza 974 detenciones, arrestos o "retenciones" ilegales en todo el país que han resultado en 34 personas formalmente privadas de su libertad, o bajo arresto domiciliario, 518 sometidas a procesos penales bajo medidas cautelares, y el resto, 422 personas, que fueron "retenidas ilegalmente" y luego liberadas, o están a la espera de presentación ante los tribunales, esto además de los 33 casos de torturas que ya tienen documentados. Entonces a la escasez, inflación, censura, inseguridad y presos políticos, entre otras razones, se le han sumado la liberación de estudiantes detenidos, tortura y violación de derechos humanos durante las protestas como banderas para no callar. La oposición política, representada de algún modo por la Mesa de la Unidad, malograda y con una pata coja, y específicamente uno de sus líderes, Leopoldo López, hoy día privado de libertad, se atribuye el despertar y la rebeldía de muchos que se expresó el 12F con una marcha multitudinaria, que finalizó en violencia, mientras que los estudiantes nos recuerdan que todo empezó en Táchira el 9F cuando reclamaban los derechos de una compañera violada y ocurrieron las primeras detenciones y los primeros levantamientos civiles en reclamo de las injusticias del gobierno de Nicolás Maduro. Por otro lado la versión oficialista es que aquí no pasa mucho, que es un grupito de violentos fascistas de derecha que es reprimido por la honrada Guardia Nacional Bolivariana que sólo cumple con su deber. El gobierno niega violaciones de derechos humanos, mientra manda a eliminar de un plumazo canales de cableras, amenaza a CNN, se asegura que los canales de televisión abierta no transmitan mucho y le aplica operación morrocoy a las divisas que los periódicos necesitan para comprar papel e informar. Mientras tanto, y como si no hubiese mucho trabajo, funcionarios públicos oficialistas, desde gobernadores y alcaldes hasta ministros, dedican su tiempo a publicar fotos falsas de un carnaval chévere o a insultar a figuras internacionales por decirle a los venezolanos y a billones de personas del mundo que tenemos derecho a soñar.

Entre la rebelión y la resistencia

domingo, febrero 23, 2014

22 de Febrero del 2014
7:42 pm

Hace una hora empezó de nuevo. El mismo guión de hace ya 10 días, solo que va poniéndose cada vez más rudo. Como si de un punto de honor se tratara, cada tarde a partir de las 4 pm se comienzan a reunir en la Plaza Altamira de Caracas un grupo nutrido de opositores al Gobierno de Nicolás Maduro. Empiezan a armar barricadas, a prepararse para lo que viene, ahora bajo el lema "El que se cansa pierde" y se enrumban hacia la Avenida Ávila para "tomar" la autopista. Respuesta inmediata y conocida: represión de la Guardia Nacional Bolivariana con gases lacrimógenos desproporcionados, perdigones y también tiros sobre todo cuando aparece la Policía Nacional. Cuando se ponen muy intensos, sale el comando antimotín en motos a perseguir a los protestantes, los acorralan, como en una cacería humana, lanzan gas a los edificios en donde se esconden, aterrorizan todo el sector. Sin medios de comunicación, a la misma hora más o menos, comienzo a leer en mi línea del tiempo de Twitter los alertas de amigos vecinos, periodistas en la zona, y alguno que otro que dice que por ahí no pasa nada. Empiezan las fotos, los vídeos, todo pasa tan rápido que no da chance de verificar toda la información. He visto tantas fotos de la misma escena que ya no se de que día se trata. Y se arma la película en mi cabeza, en la cabeza de todos reconstruimos las historias. El Alcalde del municipio cada noche cumple con la tarea ya casi religiosa de informar cuantos heridos llegaron a su centro de salud, si hubo muertos, si los heridos era por perdigones, balas o alguna otra causa. Al siguiente día en la mañana siempre paso por el lugar y veo los restos de la batalla: restos de hogueras todavía humeantes, basura, madera arrumada en las aceras, y la gente camina, como si nada, con sus viandas al trabajo, entre todo ese desorden que la Alcaldía del Municipio todas las mañanas se empeña en recoger. Miro los restos y los asocio con las fotos que vi el día anterior, la cosa me cuadra. Miro el mural pintado por Acción Poética cada mañana: "Cuando la tiranía se vuelve la Ley, la rebelión es un derecho". Y pienso: 8 muertos (y cuando escribo esto ya hay uno más), cientos de heridos, detenidos y desaparecidos, torturados, la libertad de expresión violada, el derecho a la protesta castrado, estados enteros militarizados, silenciados, aislados ¿cuántos muertos más faltan por contar?. Me molesto y digo: "¡Sí rebelión!". Sigo manejando y llego a mi trabajo, porque hay que trabajar, porque hay que pagar el alquiler, entonces me impongo un horario de protesta, de 9 am a 2pm y después a la casa a empezar al leer el mismo guión que se repite. ¿En dónde quedó mi cacareada rebelión?

Plaza Altamira. 21 de Febrero. Arlette Montilla.

Rebelión.
(Del lat. rebellĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de rebelarse. 
2. f. Der. Delito contra el orden público, penado por la ley ordinaria y por la militar, consistente en el levantamiento público y en cierta hostilidad contra los poderes del Estado, con el fin de derrocarlos.

No soy persona de extremos, no creo en el radicalismo violento ni en el pacifismo comeflor, creo en las posiciones firmes, eso si, así que eso de la rebelión no me suena, pero la resistencia pacífica sí me cuadra.  Estoy convencida que tiene que haber un cambio, que el país no aguanta más, que llegamos al punto de no retorno. Y entonces me doy cuenta que en mi propio discurso, usando el lenguaje tuitero, me debato entre el #SOSVenezuela, el #ResistenciaVzla y el #NoALaViolencia. Lo analizo y me resultan tres posturas que no se en que punto son opuestas o convergentes.

#SOSVenezuela es un llamado de auxilio, un alerta a la opinión pública, sobre todo internacional. Un miren lo que pasa, nos están matando. Entonces recibimos mensajes de apoyo, lindos, sentidos, de la comunidad venezolana en el exterior, con pancartas y muchos escritos en diferentes idiomas, expresiones artísticas y apoyo moral. Madonna, Ruben Blades, Juanes, Cher y hasta el fotógrafo Spencer Tunick se unieron al #SOSVenezuela. Inicia la consciencia internacional, eso es buena señal, se necesita, pero no es lo único. No nos va a venir a salvar nadie, ni los marines, ni la OEA, ni nadie.

#NoALaViolencia es rechazar todo acto violento, pedir bajarle dos a la represión, a respetar los derechos humanos, a protestar pero pacíficamente de modo inteligente. Pero también es un llamado a los protestantes. Está demostrado que la protesta no violenta tiene el poder de desestabilizar tiranías, lo que lamentablemente no quiere decir que no haya un solo muerto, lastimosamente, pero sí hay una vía para lograrlo sin dejar en el camino tantas vidas. Sólo que no es inmediato, requiere de paciencia, disciplina y persistencia. Si se decide protestar con violencia ante una fuerza organizada y armada como la GNB o la PNB se le está dando la ventaja, ellos tienen las herramientas para ejercer violencia de manera sistemática ¿porque provocarla? 

#ResistenciaVzla es el llamado que me resulta más confuso, un poco desorganizado, hay grupos con objetivos claros, pero otros que realmente no sé de donde vienen. A eso se le suman los políticos y las iniciativas más independientes. Pero ¿como se junta todo eso?¿cómo evitar la atomización de todos esos esfuerzos?¿quién y cómo darles estrategia? Miro a los protestantes en las fotos y videos y pienso: "¿Realmente estos son los que escriben esas cosas tan coherentes como los objetivos del Movimiento Estudiantil?". Me cuesta creerlo, no lo veo. Me resultan provocadores (¿infiltrados?), o quizás no, solo les falta de guía y orden. Sé que esa idea de resistencia pacífica que apoyo está en muchos, más no en todos, y no tengo clara la proporción. Sé que los que marchan o se concentran son pacíficos, pero los que se paran frente a los piquetes de la guardia no necesariamente. Había pacíficos ahí, pero todo se ha salido tan de control que he visto como muchos han abandonado ese tipo de protesta por cansancio y la sensación de no poder convencer a otros que con los insultos y las piedras no se gana mucho.

En donde estamos parados

La verdad no lo tengo muy claro. Sólo sé que el camino es largo, que ahora desistir sería perder. Sé que no veo la necesidad de esa generación de violencia desmedida y diaria, simplemente no hay justificación. Sé que hay una sociedad civil en desobendiencia, no sólo estudiantes, todo el mundo, hastiado, molesto, que se lanza desordenadamente. ¿Cómo ordenar todo eso? ¿o está ordenado pero aparenta no estarlo como estrategia?. Al menos eso veo en Caracas, más no así en Táchira, Mérida o Barquisimeto en donde están en la calle duramente, en protesta, en desobediencia y con estrategia. He visto en vídeos del Táchira a la GNB retroceder y caminar al mismo paso y mirando hacia el mismo lugar que los protestantes, no enfrentados. Eso me hizo llorar. ¡Se puede!

Lo cierto es que cuando veo las consecuencias de esa violencia, muchas veces incluso no provocada, me hace pensar que nos estamos enfrentando a otra cosa y entonces dudo de todo lo anterior.  Perdigonazos a quema ropa en el rostro, golpes en la cara a mujeres, disparos a matar en la cabeza, arrestos a patada limpia, violaciones, hay pruebas de todo eso, basta con ver fotos, videos y testimonios. Se supone estos guardias son venezolanos, como nosotros, ¿como pueden dañar e incluso usar sus armas de represión al punto de matar así?¿porqué tanto odio?¿dónde está su punto de quiebre?. A eso hay que sumarle los "colectivos armados", pueblo contra pueblo. Me resultan mercenarios, asesinos a sueldo, literalmente desalmados. ¿Quienes son?

Me debato entonces entre la esperanza y la desesperanza, a veces deseo la paz y otras me provoca salir y con mis propias manos y golpear a estos tipos aunque eso me cueste la vida. Me he descubierto a mi misma pensando en estrategias para hacerles daño. He pasado por todo tipo de emociones: miedo, tristeza, dolor, impotencia, pero la más fuerte es la rabia con la que no estoy familiarizada, que he sentido muy pocas veces en mi vida y que me provoca pensamientos extremos. No sé como manejarla, entonces puedo entender algunos comportamientos, y vuelvo al inicio donde me doy un baño de agua fría y digo ¡No! ¿en dónde estamos?¿a dónde vamos a llegar?

El tiempo dará la respuesta. ¿?







 

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